Alatum



"Cantan los pájaros, cantan
sin saber lo que cantan
todo su entendimiento es su garganta."

Octavio Paz

martes, 22 de enero de 2019

Imperfecto


¿A dónde llegamos cuando no queda más que contemplar nuestra obra? Cuando emitimos un juicio en favor de algo que corresponde con la “verdad”. ¿Qué es la verdad de las cosas para aquellos que miramos de lejos? Para aquellos que con ligereza juzgamos los actos de otros. El bien y el mal colindan de forma difusa en cada esquina que caminamos, y las consecuencias de esos pasos, a veces son catastróficas.
Ha pasado durante mucho tiempo que creemos saber la razón de todas las cosas. Nos jactamos de ello bajo el nombre, el lugar, y la religión que se nos han impuesto desde el nacimiento. Es fácil ser insensible al dolor ajeno, al error ajeno. Cómo si la suma de nuestros actos fuera un epítome a las obras intachables y a la inteligencia pura. Que mala suerte de aquellos, cuyo acto insensato tuvo consecuencias tan nefastas, tal vez mucho más caras, de lo que realmente merecían.
Robar no merece la muerte, más es un acto reprobable pese a muchas excusas, la mayoría de ellas. Ahora nos damos cuenta de lo que ya sabíamos, que el ser humano dice una cosa, y es rápido en hacer lo contrario. La bondad o maldad de una persona no se mide en un sólo acto aislado. No merece un sólo error cobrar la vida de una persona, pero ahora la vida nos enseña, que la casualidad, no sabe de equivalencias.
Es triste ver el dolor de aquellos que no sabían que una parte de su corazón iba a la muerte. Es triste ver a un pueblo ser sordo y terco. Ser infame. Es triste verlo vanagloriarse del error, de la falta, y es igual de triste ver a ese mismo pueblo ser atroz en su juicio.
El mal juicio es la falla de esta tragedia. El mal juicio de no jugar cara a cara con el peligro. El mal juicio de no hacer lo correcto. El mal juicio de no saber ser prudente con las palabras. El mal juicio de no saber que somos imperfectos. Que así como obramos con diligencia, también hablamos con la misma.
No, nada nos justifica. Ni a unos, ni a otros. Sólo nos queda contemplar la obra. Lo que queda, lo que somos. En lo que nos hemos convertido…



A.I. Mendoza Seda

martes, 15 de enero de 2019

El gran salto



Y estamos parados en ese límite. El camino se terminó. Después de salir de ese espeso bosque de destino incierto, se hizo la luz y mostró una verdad que no esperábamos. El sendero se termina, frente a nosotros, hay un abismo…
Miramos atrás, a todos esos años que pasamos caminando en un lugar que pensamos nos llevaría muy lejos, pero el camino de los demás sigue a lo lejos, andan tranquilamente, su vida no se detuvo. Y nosotros estamos en este lugar, después de subir la empinada pendiente, después de dejarlo todo. Respiramos con dificultad, ya no hay tiempo para volver y elegir esa vida que todos los demás tienen. Tal vez podamos correr, si corremos ahora podríamos alcanzarlos, terminar nuestra vida en la cama de un hospital, con toda esa familia que salió de un encuentro trivial, que siempre estuvo en el “aquí andamos”.
Entonces en medio del pánico una idea cruza por nuestra cabeza, una locura que pide algo más que creencias y leyes de atracción. Algo que nos ha acompañado todo este tiempo, como un fantasma. La fe.
En ese gran acantilado, se abre un mar que sostiene en su fondo un horizonte. La corriente se eleva, se rompe con las olas de ese fondo caótico, del que no se puede saber nada. Pero la luz es tan hermosa, que tal el camino sea así.
El viento sopla de forma violenta, nuestros recuerdos se concentran, nuestro corazón late fuerte y nuestro cuerpo se estremece. Sentimos la frialdad de esas lágrimas, de ese aliento que nos abandona. Ha llegado el momento de saltar, de hacer eso que jamás creímos que llegaríamos a hacer. Ha llegado el momento de saber, si tenemos la fuerza para volar, o nos hundiremos en el fondo del mar.
Ha llegado el momento del gran salto.


A.I. Mendoza Seda.

viernes, 11 de enero de 2019

Luminaria




Vi en sus ojos el salto de un pez dorado.
Un hilo de aire entre sus dientes blancos.
El rizo de su cabello se mezcló en la penumbra
y sus palabras se enredaron.

El movimiento de su manos;
perfume que se impregna en ojos ajenos.
Su caminar;
paso que marca el correr de las estrellas.

Son imperecederos nuestros recuerdos falsos.
Imágenes quietas que jamás envejecen.
La canción repetitiva de su voz se eleva,
se suspende en espacio intangible.
En una mueca, en un botón.

Se queda varado a la deriva como una ilusión.
Un idealismo.
Ser efímero que respira lejos,
que se acerca en un espacio inalcanzable.
Que existe, que muta, que vuelve.

Ser ajeno. Ser nuestro. De todos.
De nadie.



Nocturno

martes, 8 de enero de 2019

Cuesta arriba



Los principios de año están llenos de gente corriendo en los parques. De subscripciones de gimnasio y ensaladas. De libros nuevos y sonrisas. De promesas a otros y a nosotros mismos.
Vemos en el juguete del niño la ilusión de algo nuevo. En las luces del árbol tardías la nostalgia. En ese pensamiento que es desidioso, que se niega a darnos la iniciativa de quitar los adornos de navidad. Las promesas y la emoción de un nuevo comienzo se vuelven tangibles. En algo que amanece como un recordatorio pegado a nuestra almohada. El miedo nos invade al pensar que esa promesa, puede seguir a la deriva hasta el final. Cada vez es más difícil permanecer ilusionado de que las cosas van a cambiar, de que los golpes de suerte existen. Nos damos cuenta que la realidad de los cambios residen en nuestras manos, y temblamos, cuando tenemos la incertidumbre de tener la fuerza para realizarlos.
Sin embargo el error común del ser humano es considerar un cambio como algo ilusorio. Es vivir antes de tiempo en su mente lo que desea, gastar ese anhelo en imágenes y monólogos quietos. Creer que la voluntad es algo que se tiene o no se tiene.
La voluntad es algo que se obtiene, así como se obtiene todo en este mundo, se aprende y se absorbe. Se gana. La voluntad es eso que se para detrás de nosotros señalando mejores horizontes. Es eso que camina al lado de nosotros prometiendo mejores tiempos. La voluntad es un ente que vive aparte, que desea nuestro éxito, pero que no toma nuestra mano, a menos que nosotros se la tendamos primero. La voluntad es una dama recelosa y desconfiada, que no se queda a vivir en nuestra casa a menos que se sienta deseada. Es esa que no nos brinda su cálido abrazo, hasta demostrar que somos dignos de sus dotes.
La voluntad se talla, poco a poco como los relieves. Es algo que se construye, un paso a la vez.
El mayor error del ser humano es creer en los cambios. Cuando lo que verdaderamente debería perseguir, es la evolución.


A.I.Mendoza Seda

lunes, 6 de agosto de 2018

Volátil.



En otras ocasiones he hablado de la ligereza de la vida. A pesar de ser mortales, al ser jóvenes, vemos ese umbral como un final lejano. Pero la tierra está enferma, está enferma de nosotros y por nosotros, y ahora vemos lo que hemos hecho, y pagamos el precio por ello. Ahora la gente joven no es inmortal. La gente vieja tiene que ver morir a sus hijos. Se ha difuminado la línea, entre lo que se gana una persona buena y una mala. Ya no existe justicia divina. Se pone en duda que exista un concepto tan complejo.
Ya no hay buenas noticias cuando se trata de nuestra madre. Sus tierras han sido profanadas, su agua es un vertedero de males y ambición. Nuestros cuerpos también enferman por ello. No podemos culpar a nadie, más que a nosotros y al destino. Pocas veces se es consciente de forma certera de que no tenemos la vida comprada. De la fragilidad de esos planes que con tanta certeza planeamos a futuro. Vivimos llenos de contradicciones y sin certeza, excepto de algo; nosotros somos nuestra perdición.
“Se encontraron cerca de 12.000 piezas de partículas de miocroplástico por litro en el Océano Ártico.” Ese lugar que para la mayoría de nosotros es lejano a nuestro día a día. Pero la existencia del ser humano ha llegado tan lejos, que hemos dejado vestigio de lo que somos, en tierras que ni siquiera hemos pisado.
Ya no podemos confiar en nadie. Ni siquiera en la palabra de aquellos que prometen sanarnos. Todo es un negocio. La dignidad es un negocio, la tristeza es un negocio, la felicidad es un negocio, la enfermedad y la vida humana, también son un negocio. ¿Qué somos? Un reflejo de papeles con caras conocidas y números impresos. Un ser que piensa, que vive en un mundo que no entiende. Descendientes de algo que no pertenece aquí, una peste, o los hijos incomodos, que ya nadie quiere.
Nos empeñamos en amar, y en desear, y por ello creemos que tenemos derecho por sobre otros. Por sobre esos seres que no tienen voz. Cuando caminamos la ruta de todos los días, no reparamos sobre ello más que cuando la noticia nos aborda. Por un momento sufrimos, y después nos olvidamos. Y sin embargo, llega ese día, en que una circunstancia nos hace darnos cuenta, que un día llegará el fin, que esa proyección de nosotros en el futuro es una ilusión, y que el ser que existe en el presente es prisionero de ese espejismo, y sufre y muere, y llora sin poder hablar consigo mismo.
 Somos iguales a todo lo que existe. Mientras pensamos en ese futuro, devoramos al mundo. ¿Qué quedará cuando lleguemos a ese tiempo? Qué quedará de nosotros, y de lo que hacemos ahora…


A.I. Mendoza Seda

martes, 3 de abril de 2018

El ser pequeño



Qué corresponde una buena niñez... ¿El sonido de los pájaros y los perros? ¿Las pelotas baratas y las risas...? Tal vez los raspones en las rodillas y esas aventuras en una azotea. 
Para mi abuelo qué fue la niñez… Esa historia de crimen y fobias nacientes. Para mi abuela fue una historia de abandono y carencias. La historia de mi padre se cuenta con juegos en las calles, un perro, pesadillas y recetas de comidas austeras. La niñez de mi madre se divide entre golpes y gritos; risas y muchos niños.
Ahora la historia de los niños tal vez sea contada a través de lo que vieron en una pantalla. Tal vez, en lo que no vieron dentro de ella. La historia de la niñez es esa que se planta en nuestro subconsciente. Esa que nos da los pretextos para ser quienes somos. Cuando pienso en el estado inmaduro, veo y escucho historias; pero más allá de las cosas buenas, están esas, de las que aun en la inocencia nadie se ha salvado. De ese momento de desprecio e inseguridades que nadie pudo cubrir. De momentos en que la felicidad resulta triste. De enseñanzas incomodas. Cosas que siempre callamos. Que nadie sabe. Que nadie sabrá nunca.
En la niñez nos convertimos en estos seres raros. Que se reconocen únicamente en pensamientos. Aprendimos a ser ese otro que ven los demás. Que habla. Que vive nuestra vida. Definimos si somos un valiente o un cobarde. Y cuanta lástima la gente sentirá por nosotros…
Cuando pienso en esos días no puedo decir que fui infeliz. Porque ni siquiera conocía la infelicidad o la verdadera dicha. Vivía en un mundo de pensar y escuchar. De ver y no decir. De llanto por cosas estúpidas y de preocupación por cosas dolorosas. Recuerdo momentos que marcaron mi vida. En que con una palabra el mundo como lo conocía se derrumbó, y como con otra de pronto había un rayo de esperanza.
Mi madre era una maga.
Mi padre era un rey.
Mi hermano era un cuentista...

Y yo era una niña, y siempre seré esa niña.

 Igual que todos.




A.I. Mendoza Seda


miércoles, 28 de marzo de 2018

Bad Poetry


Prefiero tomar tu mano

y verte como algo que no eres.

Prefiero ser tu sombra.
el palpitar de tus andares errantes.

Prefiero morir en la nube
que rodea tu casa en primavera.

Prefiero ser ese loco
que te ama con metáforas estúpidas.
y no caer en la aburrida rutina
de pronunciar tu nombre diez veces al día.

Prefiero ser un globo de helio.

Prefiero ser ese que cae en desvelos.

Prefiero ser en este mundo un absurdo.

No un tonto.




Nocturno


lunes, 26 de marzo de 2018

Escritor



Una hoja blanca.
Herramienta abstracta. Caracteres de color negro. Letras. La naturaleza de escribir es terca.
Se aferra como los aromas a libro viejo. El escritor se mueve entre un mundo alterno y el verdadero. Entre muchas caras, la suya y la otra. Es quisquilloso. Es pendenciero. Perpetuo y desprendido. Un ser aleatorio de humores densos, que se elevan al cielo por una ventana abierta. Un ser que cae en arenas movedizas, en pantanos que lo devoran sin tregua. Se hunde en sí mismo, en las expectativas propias y ajenas.
Es ese ser extraño que todos miran dentro de una vitrina. Ese ser temeroso que crea lo único que tiene. A sí mismo. A su pulso. A su materia plasmática. Un ser sin talentos. Que se engaña, porque es un mentiroso. Porque es lo que hace.
Es un mago que esconde la verdad en palabras amables. Que ordena que la verdad aparezca. Un biólogo que analiza quimeras, y un doctor que cura letras. Es el hombre de los panteones que desentierra conceptos e ideas.
Y es todo y nada.
Es quien se encuentra tras las solapas. El que llora escondido. Que se siente perdido. Que desespera y abandona y se queda dormido cerca de un río. Tirado en la banqueta. Es el ave que regresa. Que ríe y ríe entre palabras siniestras. Con ojos que se pierden en la esperanza lejana. Que espera paciente eso que sabe que no sirve de nada. Y hace nada. Y hace un mundo.
Y hace su vida y el universo, desde su almohada…



A.I. Mendoza Seda.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Feliz Navidad

Es entonces la calle un sumidero, una calle que emana la torpeza de un zapato sin suela. Se devisten los vecinos en el cuarto, donde se electrodan sus misiles, donde tantas veces hojas de libros se quitaron los piojos.
Hay una luz, siempre… Atrapada en el foco. Veo el cuadro de paredes que se rompen con las voces de los maridos, y las mujeres sueltan pájaros sangrados del abdomen. Siempre calla, el celular calla, y la computadora, y la cruz. Insisten las cortezas de la gente: ¡Han perdido los ojos!
¿Dónde el pino?           La estrella de la punta.
¿Dónde los fugaces destinos crecen conectados a centímetros? ¿Dónde se prenden y apagan las esperanzas de todos colores? ¿Dónde el verde, y el amarillo, y dónde el rojo y el azul? ¿Dónde la esfera cristal, clavada en las cabezas, que te cuesta diez o veinte pesos de libertad?... Dónde están las cajas del presente, que atoran tu cordón, y que se mezclan con los peluches, y los carritos, y el tren que gira; una y otra, y otra y cien… Y se queda sin batería, y entonces todo el mundo pierde la cabeza…
El tren, el tren… Ya se cansa, de ir y venir, y la gente de adentro que nadie ve, la gente minúscula del tren girante, ve pasar siempre el mismo paisaje, y el carril sigue, y la gente sigue, y el paisaje sigue.
Y la niña con el papel roca en la cara, envolviendo el suelo. Y van nadando los peces en el río de espejos, peces de azúcar, que se comen, que nos comemos por dulces, por tantos, por irremediables. Y suben la colina de los días, y estamos esperando, al lado del pesebre, esperamos a la Reina, y al rey y al hijo español; el crío Rubio de ojos claros. Ahí adentro, con el espíritu santo en la boca, con María y José penetrados, atrás; escondidos en las colinas y en las montañas de cartón. Soltando sus lágrimas de celofán… de llegada.


Penél-Oh Caliope

lunes, 24 de julio de 2017

Rambler

Uno no suele contar los minutos, sólo pasan y nos adaptamos a ellos. A veces ni reparamos en los cambios, esos que son generados por un evento, por una presencia o una mirada fija, llena de ternura y agradecimiento.

Mi hermano encontró a Rambler vagando. Me dijo mientras estaba fuera de casa. Me dijo que había hecho un nuevo amigo.

La primera vez que lo vi, sus ojos se asomaron tímidos por una ventana. Vi su confusión, su pesadumbre, y la carga del sobrevivir marcada sobre su lomo y su cara. Estaba herido de píes a cabeza, cansado. Muy cansado. A veces me gustaría entrar en sus recuerdos, a esas imágenes que tiene cuando sueña, a las sensaciones que experimenta cuando recuerda algo, al tiempo que pasó a la intemperie, al sonido de un auto, o el olor de la podredumbre.

Me esforcé en sanarlo. Quería que sus ojos volvieran a confiar, que su mente volviera a la tranquilidad. Lo amamos enseguida, mi padre lo bautizó; como la canción de The Rolling Stones, Midnight Rambler


… Did you hear about the midnight rambler 

Well, honey, it's no rock 'n' roll show...

Con el pasar del calendario, Rambler se ha vuelto indispensable. Es gracioso cuando nos preguntan su edad porque sólo sabemos qué está viejo, y que ya estaba viejo desde que lo encontramos. Para su edad era fuerte y aun lo sigue siendo en cierta forma, pero el tiempo siempre pasa. Esos grandes pasos lo han alcanzado, ya tiene los achaques de un anciano.

De él me gusta tomar sus patas, hablarle con cariño y observar sus pupilas dilatarse. Encontrar todavía el semblante vivo que pide amor, que da amor incondicional. 

          Me arraigo en la creencia de que la estación con él es un regalo.

Rambler ya no tiene la fuerza para andar. Su sueño es profundo y ausente. Va perdiendo el oído, como aquel que paso a paso deja atrás el mundo. Se va quedando sin dientes, planta esos huesos tempranamente. Su cuerpo marchito es como la corteza de un árbol viejo, es grueso y lleno de marcas. Su voz jamás nos alcanza, pero es testigo de las segundas oportunidades, de la compasión humana, esa que se deja ver de vez en cuando. Se queda paciente, esperando una caricia, esperando comida, y permanece así ya todo el tiempo, esperando.

En las mañanas se queda mirando el paisaje, como pensando que ha amanecido otra vez... Se sienta en el pasto, cansado. Se queda allí contemplando. Escucha los pájaros y mis pasos, mi voz y el follaje. Olfatea el viento, las flores, sus años…

No te despidas cuando te vayas Rambler, que vamos a volver a vernos...


A.I. Mendoza Seda



martes, 11 de julio de 2017

La rosa de Versalles

Escrito por Rioko Ikeda, el manga titulado La rosa de Versalles (ベルサイユのばら -Berusaiyu no Bara) salió a la luz en el año de 1972 para posteriormente ser adaptada a su versión animada en el año de 1979. La historia, está inspirada en la Francia el siglo XVIII y se sitúa exactamente en el periodo en que la revolución del pueblo en contra de la monarquía se gesta y tiene su auge con la toma de la Bastilla.

        Al conflicto que ya supone la integración de personajes históricos, tales como los reyes Luis XVI y María Antonieta, además del Conde Hans Axel von Fersen y la problemática Madame de Poliniac, se suman personajes originales, integrados con el propósito de ver a través de sus ojos, la problemática que surge tanto dentro la realeza como en el pueblo en dicho del acontecimiento. Uno de estos personajes, es nada menos que la protagonista de esta historia, Oscar François de Jarjayesquien al ser la hija más joven del General Jarjayes, es criada como un hombre por decisión de su padre, quien añoraba un varón que lo sucediera en su cargo. Así, Lady Oscar, como es popularmente llamada, crece con las obligaciones y educación propias de un hombre de su época y a causa de la llegada de la princesa María Antonieta de Austria, Oscar toma la decisión de aceptar a los 14 años, el puesto como Capitán de la Guardia Imperial.

        La historia se desenvuelve a partir de ese punto, pasando por los inconvenientes que se desatan alrededor de la llegada de la princesa, tanto su matrimonio arreglado, hasta cómo la joven ingenua debe integrarse a la corte francesa debiendo sortear sus trampas. Al principio, como la vida misma, los problemas en los que Oscar debe inmiscuirse a esta edad, no son tan graves, nada más que líos que tienen que ver con la realización de que a pesar de las desventuras, el honor y la valerosidad deben salir a flote. Para entonces, Lady Oscar muestra tener un carácter estoico e implacable al momento de defender el nombre de su familia y el de la princesa que cuida. Con el tiempo se gana la confianza y admiración no solo de la corte, sino también, se convirtiere en amiga y consejera de la princesa; de alguna forma, en ese príncipe soñado que María Antonieta no encontró al conocer a su prometido en ese momento, Luis Augusto.

        Posteriormente el argumento se complica, Lady Oscar al igual que las personas allegadas a ella deben madurar en paso a convertirse en adultos, en personas mucho más complejas, también los problemas que afrentan se vuelven serios. A sus ojos comienza a brotar la necesidad de la gente y los conflictos que envuelven a su patria con tierras lejanas. Oscar sabe que María Antonieta en su inmadurez se ve atrapada entre sus deberes como reina su corazón, sabe que una mujer como ella, con un carácter dulce y soñador, jamás estuvo lista para cargar con el peso de ser la reina de Francia en un momento en la historia, en donde los conflictos externos e internos del país, exigían el carácter de un líder inquebrantable, carácter que ni su esposo ni ella poseían. María Antonieta se vuelve prisionera de la corona y de sus deseos y pasiones, aquí Oscar, se ve puesta entre la espada y la pared, pues como confidente y amiga de la reina, entiende y compadece su sufrimiento, sin embargo como parte de la milicia francesa y como un soldado, sabe bien que el sufrimiento del pueblo también es grande.

        La trama sitúa a su protagonista en este constante duelo entre su naturaleza y su deber. Como mujer, Oscar experimenta el amor y el deseo, más como parte importante de la milicia y como hombre sus obligaciones la absorben haciendo difícil para ella estar al lado de la persona amada. Aunado a ello, Oscar es parte de una familia de nobles, que se encuentra en peligro con la creciente revolución, en contraposición, con seres a los que ella ama que pertenecen a clases de menor abolengo.


        La rosa de Versalles es la historia de una mujer admirable y fuerte, que nació de la mente de otra mujer, en un tiempo y un país en donde a penas se comenzaba a dar empoderamiento al sexo femenino. Para Ryoko Ikeda, Lady Oscar es esa rosa hermosa e imponente, que pese a su belleza y fragilidad, no deja de ser peligrosa y estar rodeada de espinas. Una rosa, que sufre el destino que tienen todas las flores, que nacen para convertirse en bellos botones y después florecen a su máximo esplendor, para morir poco después. 


A.I. Mendoza Seda





lunes, 3 de julio de 2017

Libertada

Escribo al tiempo,
a la corazonada viva;
aquella que guarda esperanza
y a la estirpe longeva
de la que se alimenta el mundo.

Estuve presa de pulsos eléctricos
en plasma que hierve 
de lapso en lapso
cautivo en pensamiento.

Aguardé al viento
a la musa que un día huyó de mi cuarto.
Observé la lluvia
renací con fuego.

Alumbré cada recuerdo vacío.
Entré en la realidad presente,
la cambié caprichosamente;
llevándola lejos 
de la gravedad que la atrapa.

Emergí de un capullo de olvido,
de hostigamiento del ser quieto.
Me encontré en un espejo
en un papel blanco
que se tiñe de negro.

Desperté una noche después de mucho tiempo
y estaba dentro de mi cuerpo.


A.I. Mendoza Seda


jueves, 29 de junio de 2017

A paso rápido: Terco

       Escuché el sonido de las campanas, anunciaban que la misa empezaría.

        Remonté a mi formación, a la creencia popular del cielo y el infierno, al miedo de desafiar a un ente poderoso que empequeñece al hombre, que mueve al mundo desde el inicio de los tiempos. El respeto aflora como el perro sumiso respeta al grande. Pero hay algo en el fondo de la razón que aflora, que muere con palabras necias.

Se resiste a irse.

       De pronto, observar a aquellos que portan su palabra haciendo una estupidez ya es cotidiano.

        Ridículos.  Idiotas.  Traidores.

      La interpretación de un libro antiguo, es venida a conveniencia. Cuando es malo "no es lo que parece". Las cosas nunca son literales, excepto cuando lo es... " Dios dijo solo hay hombre y mujer"

Absurdo.

      La palabra escrita por el hombre es del hombre. La palabra dicha por el hombre la dice el hombre.

Todos los hombres saben mentir.

     Es mentira decir que nada es mentira. Ya es una farsa. 

Un circo.





Nocturno

lunes, 26 de junio de 2017

Agnóstico

Me acuso de negarlo
de apartar de mi rostro la luz.

Me acuso de desafiarlo
de aceptar la palabra de aquel que se opone.

Me acuso de sabotearlo
de alejarlo
de burlarme de su legado.

Me acuso de dudar
y de aceptar su inexistencia.
me acuso de cambiar su nombre.
Dejarlo del lado.
Inseguro lo he ignorado.

Sin embargo aun llamo su esencia
sus palabras vienen a mí
en el estado de dolor y angustia.

Me acuso de ser hipócrita
me acuso de todo.

Soy lo que soy
el hijo que todo lo transforma.

Si es verdad que existe
fui moldeado por su existencia
soy lo que soy.
Aquel que duda.


Gato Negro



miércoles, 21 de junio de 2017

A paso rápido: El gato muerto

        Fue la imagen lastimosa de un animal muerto. Hubo una de esas muertes, de esas que son dejadas al sol, que a nadie le importan hasta que apestan.

        Lo había visto, la quietud de una criatura insignificante para muchos. 

        Pero había en esta algo distinto en este cuerpo, las otras muertes me llevaban a apartar la vista, esta me detuvo incluso un momento.

No era la expresión violenta.

No había sangre.

No había dolor.

        Parecía que estaba durmiendo, su rostro estaba lleno de paz. Recostado por un lado, yacía inmóvil con unos pocos pelos revueltos y nada más.

        Se activó algo que me gustaría justificar como mejor que el morbo. Pero mi mente se quedó anclada en su imagen, en la pregunta de su muerte.

        De qué habría muerto ese gato que tranquilamente se tendía a la mitad de la calle. Cuáles habrían sido sus últimos momentos ¿en verdad no había sufrimiento? Sin embargo dejado a la intemperie, es difícil imaginar algo distinto. O tal vez era mi mente la que pujaba para creerlo. Caí en cuenta de ello, que era yo la que harta de muerte, había encontrado algo parecido a la esperanza en su expresión lánguida. 

Quise creerlo.

Que la muerte piadosa existe en todos lados como Dios.

       Fue una ilusión, pues cuando regresé al paso, solo unas horas habían bastado... El gato ya comenzaba a estar inflado y en su rostro había un vestigio escarlata trazado por la sangre.

Era un momento de dolor.
Este es el mundo.

Es como es…


A.I. Mendoza Seda

lunes, 19 de junio de 2017

Brújula...

Altas las palabras que se dicen
el día que se es consciente 
que existes.
Tu nombre cambia.
Eres morador del hogar
la fuerza de gravedad
o el satélite que desapareció un día.

Qué anécdotas pueden contarse
de palabras con voz grave
de esas, que nos levantan
nos ponen en el camino
mientras nos secamos las lagrimas.

Agridulce puede ser la imagen
que queda en el recuerdo fijo
de esas manos fuertes que hicieron falta
que se alejaron antes de tiempo.

Pero está presente
conforma un carácter
o una ausencia
que se marca
que define.

Función activa que da origen a la vida.
Ser fuerte que ama, 

olvida.


Nocturno






jueves, 15 de junio de 2017

Libre…

      Y pensé mientras estaba allí herido esperando la muerte, que tal vez, fueron las aves las que inspiraron al hombre a mirar por vez primera el cielo. Mas no por el ave, sí por el vuelo.

    Qué metáforas fantásticas ha inspirado el aire, en esa bastedad de azules que fluyen, que se mueven a destiempo alejados del mundo, de la tierra y los pies. Del estrepitoso sonar de los cañones, de esa bandera que ensangrentada ondea entre la humareda, que contrasta con esas damas blancas en la altura. Danzando se mueven al paso de aquel que es libertad, de aquel que es caricia calma o abrupta…

    Del viento…

    Curiosa existencia del elemento vital, cuyo soplo se adentra en las plumas. Sustancia invisible, dios que arrebata los alientos llevando la voluntad de los deseos. Fuerza en movimiento, pensamiento del mundo, sinapsis de lenguas que vagan en las memorias de Gaia.

    Guíanos al estado perfecto de las historias y a la existencia volátil y efímera, a la la fuerza capaz de mover el orden de las cosas. Elemento voluble, somos tus hijos, todos nosotros estamos hechos para seguirte y en tu búsqueda es que vamos. Me uno a ti con el eco del último suspiro, que nace de las profundidades de mi ser y viaja en tu cuerpo, y se extingue…


A.I. Mendoza Seda

martes, 13 de junio de 2017

A paso rápido: Lluvia de verano

Me encontré caminando en un prado vacío. ¿Será que son sabios aquellos que dicen que este mundo es un espejismo?

Vemos
Ansiamos
Perdemos…

Y abrí los ojos, y la vida se me fue en un suspiro....

Aire que se elevó y se perdió en el cielo. Allí en donde las nubes se atascan, en los límites entre esta realidad y el universo, donde el agua se condensa, y cae estrepitosamente en un escándalo, es un bullicio, un recordatorio de la infinidad de todo...

Es difícil, pensar en la importancia de algo cuando está hecho de cascarones vacíos, ¿es también esa una ilusión? El peso de nuestra existencia, esa importancia que cae sobre unos cuantos.

Y fuimos
Y somos
Y dejamos de ser.

Así el reloj del mundo camina, dejando gente como flores deshojadas en una alfombra carmesí, se vence la obra incalculable, cuando llega el momento de ser olvidados. Se parte la vida con un rayo, con ese plasma que nos hace cambiar, con el que mutamos, en un ser, que siente, y que vive, extrañamente.

Somos lo que somos


Las hojas que nacen y caen en el otoño. Somos a veces, las que se derrumban con un vendaval en las lluvias de verano…


Gato Negro