Alatum



"Cantan los pájaros, cantan
sin saber lo que cantan
todo su entendimiento es su garganta."

Octavio Paz

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martes, 22 de enero de 2019

Imperfecto


¿A dónde llegamos cuando no queda más que contemplar nuestra obra? Cuando emitimos un juicio en favor de algo que corresponde con la “verdad”. ¿Qué es la verdad de las cosas para aquellos que miramos de lejos? Para aquellos que con ligereza juzgamos los actos de otros. El bien y el mal colindan de forma difusa en cada esquina que caminamos, y las consecuencias de esos pasos, a veces son catastróficas.
Ha pasado durante mucho tiempo que creemos saber la razón de todas las cosas. Nos jactamos de ello bajo el nombre, el lugar, y la religión que se nos han impuesto desde el nacimiento. Es fácil ser insensible al dolor ajeno, al error ajeno. Cómo si la suma de nuestros actos fuera un epítome a las obras intachables y a la inteligencia pura. Que mala suerte de aquellos, cuyo acto insensato tuvo consecuencias tan nefastas, tal vez mucho más caras, de lo que realmente merecían.
Robar no merece la muerte, más es un acto reprobable pese a muchas excusas, la mayoría de ellas. Ahora nos damos cuenta de lo que ya sabíamos, que el ser humano dice una cosa, y es rápido en hacer lo contrario. La bondad o maldad de una persona no se mide en un sólo acto aislado. No merece un sólo error cobrar la vida de una persona, pero ahora la vida nos enseña, que la casualidad, no sabe de equivalencias.
Es triste ver el dolor de aquellos que no sabían que una parte de su corazón iba a la muerte. Es triste ver a un pueblo ser sordo y terco. Ser infame. Es triste verlo vanagloriarse del error, de la falta, y es igual de triste ver a ese mismo pueblo ser atroz en su juicio.
El mal juicio es la falla de esta tragedia. El mal juicio de no jugar cara a cara con el peligro. El mal juicio de no hacer lo correcto. El mal juicio de no saber ser prudente con las palabras. El mal juicio de no saber que somos imperfectos. Que así como obramos con diligencia, también hablamos con la misma.
No, nada nos justifica. Ni a unos, ni a otros. Sólo nos queda contemplar la obra. Lo que queda, lo que somos. En lo que nos hemos convertido…



A.I. Mendoza Seda

martes, 15 de enero de 2019

El gran salto



Y estamos parados en ese límite. El camino se terminó. Después de salir de ese espeso bosque de destino incierto, se hizo la luz y mostró una verdad que no esperábamos. El sendero se termina, frente a nosotros, hay un abismo…
Miramos atrás, a todos esos años que pasamos caminando en un lugar que pensamos nos llevaría muy lejos, pero el camino de los demás sigue a lo lejos, andan tranquilamente, su vida no se detuvo. Y nosotros estamos en este lugar, después de subir la empinada pendiente, después de dejarlo todo. Respiramos con dificultad, ya no hay tiempo para volver y elegir esa vida que todos los demás tienen. Tal vez podamos correr, si corremos ahora podríamos alcanzarlos, terminar nuestra vida en la cama de un hospital, con toda esa familia que salió de un encuentro trivial, que siempre estuvo en el “aquí andamos”.
Entonces en medio del pánico una idea cruza por nuestra cabeza, una locura que pide algo más que creencias y leyes de atracción. Algo que nos ha acompañado todo este tiempo, como un fantasma. La fe.
En ese gran acantilado, se abre un mar que sostiene en su fondo un horizonte. La corriente se eleva, se rompe con las olas de ese fondo caótico, del que no se puede saber nada. Pero la luz es tan hermosa, que tal el camino sea así.
El viento sopla de forma violenta, nuestros recuerdos se concentran, nuestro corazón late fuerte y nuestro cuerpo se estremece. Sentimos la frialdad de esas lágrimas, de ese aliento que nos abandona. Ha llegado el momento de saltar, de hacer eso que jamás creímos que llegaríamos a hacer. Ha llegado el momento de saber, si tenemos la fuerza para volar, o nos hundiremos en el fondo del mar.
Ha llegado el momento del gran salto.


A.I. Mendoza Seda.

lunes, 6 de agosto de 2018

Volátil.



En otras ocasiones he hablado de la ligereza de la vida. A pesar de ser mortales, al ser jóvenes, vemos ese umbral como un final lejano. Pero la tierra está enferma, está enferma de nosotros y por nosotros, y ahora vemos lo que hemos hecho, y pagamos el precio por ello. Ahora la gente joven no es inmortal. La gente vieja tiene que ver morir a sus hijos. Se ha difuminado la línea, entre lo que se gana una persona buena y una mala. Ya no existe justicia divina. Se pone en duda que exista un concepto tan complejo.
Ya no hay buenas noticias cuando se trata de nuestra madre. Sus tierras han sido profanadas, su agua es un vertedero de males y ambición. Nuestros cuerpos también enferman por ello. No podemos culpar a nadie, más que a nosotros y al destino. Pocas veces se es consciente de forma certera de que no tenemos la vida comprada. De la fragilidad de esos planes que con tanta certeza planeamos a futuro. Vivimos llenos de contradicciones y sin certeza, excepto de algo; nosotros somos nuestra perdición.
“Se encontraron cerca de 12.000 piezas de partículas de miocroplástico por litro en el Océano Ártico.” Ese lugar que para la mayoría de nosotros es lejano a nuestro día a día. Pero la existencia del ser humano ha llegado tan lejos, que hemos dejado vestigio de lo que somos, en tierras que ni siquiera hemos pisado.
Ya no podemos confiar en nadie. Ni siquiera en la palabra de aquellos que prometen sanarnos. Todo es un negocio. La dignidad es un negocio, la tristeza es un negocio, la felicidad es un negocio, la enfermedad y la vida humana, también son un negocio. ¿Qué somos? Un reflejo de papeles con caras conocidas y números impresos. Un ser que piensa, que vive en un mundo que no entiende. Descendientes de algo que no pertenece aquí, una peste, o los hijos incomodos, que ya nadie quiere.
Nos empeñamos en amar, y en desear, y por ello creemos que tenemos derecho por sobre otros. Por sobre esos seres que no tienen voz. Cuando caminamos la ruta de todos los días, no reparamos sobre ello más que cuando la noticia nos aborda. Por un momento sufrimos, y después nos olvidamos. Y sin embargo, llega ese día, en que una circunstancia nos hace darnos cuenta, que un día llegará el fin, que esa proyección de nosotros en el futuro es una ilusión, y que el ser que existe en el presente es prisionero de ese espejismo, y sufre y muere, y llora sin poder hablar consigo mismo.
 Somos iguales a todo lo que existe. Mientras pensamos en ese futuro, devoramos al mundo. ¿Qué quedará cuando lleguemos a ese tiempo? Qué quedará de nosotros, y de lo que hacemos ahora…


A.I. Mendoza Seda

miércoles, 28 de marzo de 2018

Bad Poetry


Prefiero tomar tu mano

y verte como algo que no eres.

Prefiero ser tu sombra.
el palpitar de tus andares errantes.

Prefiero morir en la nube
que rodea tu casa en primavera.

Prefiero ser ese loco
que te ama con metáforas estúpidas.
y no caer en la aburrida rutina
de pronunciar tu nombre diez veces al día.

Prefiero ser un globo de helio.

Prefiero ser ese que cae en desvelos.

Prefiero ser en este mundo un absurdo.

No un tonto.




Nocturno


lunes, 26 de marzo de 2018

Escritor



Una hoja blanca.
Herramienta abstracta. Caracteres de color negro. Letras. La naturaleza de escribir es terca.
Se aferra como los aromas a libro viejo. El escritor se mueve entre un mundo alterno y el verdadero. Entre muchas caras, la suya y la otra. Es quisquilloso. Es pendenciero. Perpetuo y desprendido. Un ser aleatorio de humores densos, que se elevan al cielo por una ventana abierta. Un ser que cae en arenas movedizas, en pantanos que lo devoran sin tregua. Se hunde en sí mismo, en las expectativas propias y ajenas.
Es ese ser extraño que todos miran dentro de una vitrina. Ese ser temeroso que crea lo único que tiene. A sí mismo. A su pulso. A su materia plasmática. Un ser sin talentos. Que se engaña, porque es un mentiroso. Porque es lo que hace.
Es un mago que esconde la verdad en palabras amables. Que ordena que la verdad aparezca. Un biólogo que analiza quimeras, y un doctor que cura letras. Es el hombre de los panteones que desentierra conceptos e ideas.
Y es todo y nada.
Es quien se encuentra tras las solapas. El que llora escondido. Que se siente perdido. Que desespera y abandona y se queda dormido cerca de un río. Tirado en la banqueta. Es el ave que regresa. Que ríe y ríe entre palabras siniestras. Con ojos que se pierden en la esperanza lejana. Que espera paciente eso que sabe que no sirve de nada. Y hace nada. Y hace un mundo.
Y hace su vida y el universo, desde su almohada…



A.I. Mendoza Seda.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Feliz Navidad

Es entonces la calle un sumidero, una calle que emana la torpeza de un zapato sin suela. Se devisten los vecinos en el cuarto, donde se electrodan sus misiles, donde tantas veces hojas de libros se quitaron los piojos.
Hay una luz, siempre… Atrapada en el foco. Veo el cuadro de paredes que se rompen con las voces de los maridos, y las mujeres sueltan pájaros sangrados del abdomen. Siempre calla, el celular calla, y la computadora, y la cruz. Insisten las cortezas de la gente: ¡Han perdido los ojos!
¿Dónde el pino?           La estrella de la punta.
¿Dónde los fugaces destinos crecen conectados a centímetros? ¿Dónde se prenden y apagan las esperanzas de todos colores? ¿Dónde el verde, y el amarillo, y dónde el rojo y el azul? ¿Dónde la esfera cristal, clavada en las cabezas, que te cuesta diez o veinte pesos de libertad?... Dónde están las cajas del presente, que atoran tu cordón, y que se mezclan con los peluches, y los carritos, y el tren que gira; una y otra, y otra y cien… Y se queda sin batería, y entonces todo el mundo pierde la cabeza…
El tren, el tren… Ya se cansa, de ir y venir, y la gente de adentro que nadie ve, la gente minúscula del tren girante, ve pasar siempre el mismo paisaje, y el carril sigue, y la gente sigue, y el paisaje sigue.
Y la niña con el papel roca en la cara, envolviendo el suelo. Y van nadando los peces en el río de espejos, peces de azúcar, que se comen, que nos comemos por dulces, por tantos, por irremediables. Y suben la colina de los días, y estamos esperando, al lado del pesebre, esperamos a la Reina, y al rey y al hijo español; el crío Rubio de ojos claros. Ahí adentro, con el espíritu santo en la boca, con María y José penetrados, atrás; escondidos en las colinas y en las montañas de cartón. Soltando sus lágrimas de celofán… de llegada.


Penél-Oh Caliope

jueves, 15 de junio de 2017

Libre…

      Y pensé mientras estaba allí herido esperando la muerte, que tal vez, fueron las aves las que inspiraron al hombre a mirar por vez primera el cielo. Mas no por el ave, sí por el vuelo.

    Qué metáforas fantásticas ha inspirado el aire, en esa bastedad de azules que fluyen, que se mueven a destiempo alejados del mundo, de la tierra y los pies. Del estrepitoso sonar de los cañones, de esa bandera que ensangrentada ondea entre la humareda, que contrasta con esas damas blancas en la altura. Danzando se mueven al paso de aquel que es libertad, de aquel que es caricia calma o abrupta…

    Del viento…

    Curiosa existencia del elemento vital, cuyo soplo se adentra en las plumas. Sustancia invisible, dios que arrebata los alientos llevando la voluntad de los deseos. Fuerza en movimiento, pensamiento del mundo, sinapsis de lenguas que vagan en las memorias de Gaia.

    Guíanos al estado perfecto de las historias y a la existencia volátil y efímera, a la la fuerza capaz de mover el orden de las cosas. Elemento voluble, somos tus hijos, todos nosotros estamos hechos para seguirte y en tu búsqueda es que vamos. Me uno a ti con el eco del último suspiro, que nace de las profundidades de mi ser y viaja en tu cuerpo, y se extingue…


A.I. Mendoza Seda

jueves, 1 de junio de 2017

Niño que duerme


Jardín de rosas imposibles
brillan en la luna llena
rocío de gotas pequeñas
en el prado tintineante.

Mi abuelo decía sobriamente
que las joyas están malditas
que se roban el brillo del sol
que se roban el brillo de la luna
que se roban el brillo de un alma.

Canción parlante y elocuente
se canta sola en la garganta de una rana
y las chicharras se agitan
y la lluvia viene en un monzón.

Se oye el grillo
se oye el perro
se oye el gato
se oye la noche.

Canción de cuna
niño que vuelve a su cuerpo
acunado en la oscuridad
sabanas y dichos
memorias flotando

y sueños, y suspiros.

Nocturno


martes, 30 de mayo de 2017

A paso rápido: Respiro


 A veces solo hace falta poco, una palabra de aliento, una ojeada al mundo, a ese lugar que existe detrás de la ventana, en la rivera de el ocio y la inseguridad. Hay un miedo invasivo en todo, vivir es difícil, y es solo eso. Vivir en un cuerpo humano, vivir con una mente activa, consiente de que es, de que será, de que fue. 

Arrastro recuerdos y añoranzas.

De días pasados, y nostalgias que todavía no pasan.

La soledad se vierte en una cuchara, es un veneno, o una medicina que se toma todos los días; así, en ayunas, cuando el silencio de la madrugada domina, se sienta en un trono en el horizonte lejano, se corona con el sol, una sensación de no tener nada y tener todo. Confuso, incierto, molesto.

¿Qué se supone que debemos ser?

Lo que se espera...
 Lo que se quiere...
                                    Nada.

Somos seres que respiran, que viven encerrados, en un lugar que no entendemos, que convertimos en ecuaciones y teorías, de vacíos y grandes explosiones, de genios, de arte y guerra. 

Estamos aquí para morir.

                       Estamos aquí...

                                 Ya estamos de pie...


Ahora qué...



Gato Negro

jueves, 25 de mayo de 2017

Todo se mueve


      Pensemos un momento en la sensación que nunca percibimos. En el fenómeno que nos lleva de un día otro, de un ciclo a otro. Las manos antiguas descubrieron que la rueda era el artefacto correcto, la base fundamental de una civilización.

       Así como ese inventor desconocido talló una roca, el universo también hizo y hace los mismo todos los días. Es redonda la esfera que nos contiene, es redonda la esfera que nos da luz y es redonda la idea del lapso cíclico de las cosas. Todo lo que empieza tiene un final, en la destrucción de algo siempre encontramos el nacimiento de otra cosa. Sabio es decir, que la materia no se destruye, solo se transforma.

         Aprendimos a medir la vida en períodos de tiempo. Medimos la existencia, la circunferencia de un cuerpo, una etapa, y el curso metafórico de un alma. Las experiencias cuentan como comienzos y finales. De pronto ese circulo se bloquea, se queda estancado dando vueltas, hasta que encontramos la forma de salir y todo cambia. La historia se escribe trazando una curva nueva, e intentamos a veces inútilmente— instruirlo y moldearlo, pretendiendo que quede bonito, a nuestro gusto. Al final seamos conscientes o no, igual comienza todo de nuevo.

         La percepción de esos círculos se mide en años y días. Miramos atrás obteniendo información precisa, somos artesanos de nuestra vida, del impresionismo de los momentos que experimentamos siempre y los desconocidos.

          La información se guarda en capsulas de tiempo, en objetos que se hacen obsoletos, en memorias, en nuestros dedos, en el color de nuestra piel e incluso en la forma que ahora el ser humano camina erguido. Las cosas se advierten seamos o no participes de nuestro destino. Todo gira por que el circulo es lo más cercano a lo perfecto, es un comienzo y un final. Va y regresa el aire, el correr de nuestra sangre, los impulsos eléctricos. Todo se trasforma, muta, cambia, termina e inicia. Eternamente.


A.I. Mendoza Seda



martes, 23 de mayo de 2017

Musa

Tiene supongo que haber en algún lugar aquella diva, aquella musa que impulse el latido distinto e inconfundible de un corazón enamorado. En el resguardo de mi guarida, y con el guardián,  fiel amigo echado por un lado, miro al horizonte mientras una cálida brisa entra por los resquicios de mi ventana, el sol resiste agónicamente en el firmamento, su lucha por seguir resplandeciendo se plasma en bellos tonos rojizos, ahí, el suspiro me alcanza y la soledad se me abalanza, la verdad es que no pienso en nadie en particular, solo en un ideal.

La melodía que escupe la bocina se cuela en mi andar, y con graciosa cadencia camino hasta la silla, lugar del comienzo de cualquier fantasía, del comienzo de la vida de mi imaginación que dibuja palabras sin vacilación, sea la cruda realidad o la magia de cualquier otra dimensión, allí me refugio y con honestidad no hay lugar mejor, pero… Pero de vez en cuando la sombra del desconcierto y la falta de inspiración asaltan mi imaginación, me distrae la posibilidad de una silueta al ritmo de la música sonsacando a mi corazón y acompañando los versos de la canción.

Me resisto a la idea y la convierto en cenizas, no tengo tiempo para anhelos de una historia que incluya romance, pues de ese trance, las experiencias me advierten un sin fin de dramas, de los cuales yo ya no tengo la más mínima gana; y suspiro, dejando huir de mi aliento tan ocurrente anhelo.

Entonces, aunque no sea así siempre, viene a mí el verso que desata la interacción de mis neuronas, puedo acomodar palabras y enunciados que describan de manera audaz mi pensamiento, mi sentir, y traicioneramente el anhelo de una convivencia donde mi sonrisa se encuentre con la suya, donde mientras me pierdo  frente a las letras ella me encuentra y captura entre sus brazos.

Es una terquedad a la que le gusta recurrir el corazón, no me entiende, no cesa su latido en alas de un amor aun cuando mira vacío el refrigerador. Insisto en concentrarme en aquel verso,  en aquella historia, que me saque de donde estoy, pues aquí la carencia acompaña a mi poesía, y ciertamente a veces le quita brillo a la vida.

La noche ocupa el principal escenario, con lejanas luces y una sonrisa de queso absorben mi pensamiento, se va la vida del día, los resultados de mi desvarío son un montón de páginas sin sentido, aunque uno nunca sabe.

Cierro libreta y sirvo las croquetas y el cereal, su parecido es algo a analizar, el silencio trae de vuelta ese ideal, donde entre un beso y una palabra los sueños más importantes se han vuelto realidad, esos que tratan de amar y ser amado, esos que hacen que nada más tenga un peso importante y que hacen de esta vida algo inolvidable…

Víctor J. Mendoza Seda


martes, 2 de mayo de 2017

Souvenir

Guía de recuerdos.
Alma mía.
Tesoro fino, palabra fría.

Voces con ecos lejanos 
llevando el tiempo.

Viene el viento, en silencio.
Quietud.
Sensación efímera e insuficiente.

Observo y leo
las letras infantiles,
adolescentes.
Se mueren las flores entre los libros
el objeto importante es basura.

Suspiros finitos
de largas alas que se desmoronan.

Preguntas incautas
silenciosas.
Lejanos olvidos vagan,
saltan como un grillo,
se esconden en una esquina
y tejen una telaraña,
se mueven entre el cabello
como polvo caen.

Alude al ritmo estrepitoso
se va,se ha ido.
Nota fuera de tiempo,
caja musical interrumpida.

Se mecen en un columpio,
alejándose con el diente de león.
Banca en la plaza,
oso de felpa,
lluvia seca,
y el aire
y las colinas
y nada más.


A.I.Mendoza Seda



lunes, 17 de abril de 2017

Gaia

Me lamento en soledad por este dolor de vientre
que quema y se revuelve.

Me digo a mi misma que la noche es quieta
se mueve, sudorosa y lenta.

Es un festín de contrariedades
una vida estática y recta.
Y veo pasar los años sin cambio
y veo las luces encenderse sin apagarse
llama eterna que brilla en el cielo
llamas eternas que fulguran lejos.

Estancia efímera en este mundo.
Muerte agobiante e inexorable.
Pasando muros mentales
la lengua habla, y sus palabras se descifran
se entienden y no lo hacen.

Mentes necias
reivindican
no lo hacen.

Destrucción inminente en un mundo estático
con los brazos cruzados
llanto del niño por leche
llanto del niño por sangre.

Me revuelco aquí en este espacio inerte
con un dolor de vientre
de los hijos que he engendrado
que me tragan las entrañas
que me corroen la espalda.

Madre mártir y tierna

olvidada...

Anónimo


miércoles, 12 de abril de 2017

A paso rápido: Quietud

        Hay de mí que me muevo en esta falsa quietud. Inequívocamente mis piernas están ancladas al piso, pero los pasos de mi mente corren a través de las paredes, a través del tiempo, a través del espacio.

        Enfermedad y muerte...

Un hombre con la boca sangrando...

Un niño con los ojos quietos convulsionando.

        Veo la estela de un misil dirigido a matar personas. Cuantas de ellas nos habrán imaginado en los momentos angustia, solo contemplándolos. Palabras y mas palabras, dos perros ladrándose dispuestos a morderse. Un hombre de traje, otro hombre de traje. Son los rostros de la guerra, asesinos bien pagados, asesinos en masa, legales.

Una burla, un río de sangre. Todo quieto.

        Aquí frente una pantalla brillante, como un niño observo el mundo a través de una ventana. Quieto en un autobús,  en un aula de clases, en una habitación. Mucho tiempo nos hemos preguntado a qué hemos venido al mundo.


Estamos aquí para destruirlo...

¿Seremos aquellos que nacieron para verlo?



A.I.Mendoza Seda.

lunes, 3 de abril de 2017

Las flor

Simple pétalo rosado
impreso en un nombre maldito
el viento llevó tu aroma
mencionaste mi nombre
por vientos recorriste el espacio
finito
pausado.

Abejita de corta vida
dedicada a la fragancia de un fruto inmaculado
incontenido
inmaduro
efímero
hechizado.

Se morirá antes de ver su trabajo
la brillante piel del durazno
de la naranja y el limón.

Florecita engañosa de colores claros
tierna fragancia primaveral y veraniega
un fruto deja tu nombre atrás
y tu memoria también pasajera.

Flor simple y vulgar que creces sobre cualquier árbol
dulce fantasía
me ofreciste tu boca y tus piernas
sonreíste tierna
cuando sobre tu piel tierna quedo mi marca
y el fruto inmaduro nació 
de tu centro
deshojándote
sacrificándote
nos dejaste
evaporándonos ambos
en el otoño

recordados en el invierno.

Nocturno


viernes, 3 de febrero de 2017

A paso rápido: Vintage

Veo una vida tras otra como una espectadora. Los encuentros son bastos, las despedidas nunca son pocas.

        Los caminos se separan, pero las palabras y los recuerdos permanecen, las promesas que estiramos hasta que el último hilo revienta. No vernos a los ojos para no escuchar nuestras voces, esas que nos hacen menos importantes. Quedamos en un plan previsto, en un segundo lugar, en un pospuesto.

        Las prioridades tienen que ver con necesidades cercanas.

Con ese sitio en donde el ser, es estar.

        Alcanzamos el mundo, lo que somos lo dijo la edad y ese número de la fecha de nacimiento, nos lo dijo el día en que decidimos dormir temprano, el día en que decidimos tomar menos cerveza, hacer más ejercicio, saber más y tener más. Alcanzamos el mundo o el mundo nos alcanzó a nosotros.

        Las horas vagas de esos días de juerga, de ser irresponsables han pasado a esas memorias que se envidian. Las nuevas generaciones se sienten viejas también, mientras que los que estamos en la orilla de ese asiento, nos doblamos, estiramos y sujetamos de todas formas para no caer.

        Muchas culturas, ven el efecto de envejecer como un evento trágico. Vemos en la cara de los abuelos los días pasados, esos momentos que se aferran a su vida diaria, que se convierten en conversaciones monótonas o en sabiduría cotidiana.

        Saberse más viejo es cuestión de momento curioso: Lo sabes por un momento, lo niegas al segundo siguiente. Pregonamos que la edad es solo un número, pero sólo cuando por vez primera, una palabra, un gesto o un arrepentimiento, nos dice que es así.

        Todos envejecemos y las cosas dejaran de importar o importarán más. Enfermaremos, viviremos y algún día seremos esos que apuntan con el dedo llamando idiotas a los demás.

        Nos encontramos en un lugar donde decidimos.

Algunos eligen no ver.


Otros se adelantan.




A.I.Mendoza Seda

jueves, 26 de enero de 2017

Lune

Soy la marea que sube con tu falda;
soy el reflejo que se plasma en aguas quietas
animal, que corre en la presencia de la luz tenue.

Soy la fuerza que te atrae al mundo
el vientre al que se aferra la vida
y la superstición de la embarazada.

Soy la órbita que se mete en tu cintura
la que baila contigo en la vía láctea.

Soy el que te ama
el que te da luz y dicha
el que te hace hermosa
el que te besa los pies descalza.

Soy aquel que corona tu lecho de estrellas
y te hace el amor hasta la madrugada
soy la tierra que sostiene tu cuerpo
la almohada que cobija tus sueños.

Soy yo la vista maravillada
la hoja afilada y garganta expuesta
el que honda en tu morada
la voz que canta con el latido de tu corazón

cada noche, cada velada.


Gato Negro

martes, 24 de enero de 2017

A paso rápido: Corrupto


        Perfección es una palabra que no debería existir como un atributo positivo en el lenguaje humano. ¿Podemos saber que es perfecto? Parece una palabra que nació de la pura necesidad de un adjetivo mejor que excelente. 

        ¿Qué es aquello que lo contiene todo?

     Dios es para muchos la respuesta. 

        ¿Acaso no involucra el aspecto positivo y negativo de las cosas? Para que exista bondad debe existir maldad, para que exista la vida, debe haber muerte. Una ley universal y antigua como en la que creían los alquimistas: una ley de intercambio.

     El ser humano no puede conocerlo todo, solo lo que conoce.

        Si no somos omnipotentes, tampoco podemos saber que es la totalidad. Cómo entender el concepto de bondad a través de la maldad y de una tristeza que trae felicidad. Cómo entender a un Dios vengativo y piadoso a la vez. 

       El día que dios proclamó al hombre como su semejante, fue el hombre realmente quien se proclamó semejante a un dios.

       No hay un concepto perfecto, si no está corrupto por su opuesto.


El corrupto, de alguna forma, es perfecto...


A.I. Mendoza Seda






martes, 10 de enero de 2017

Pájaro Nocturno

Escuché aquella noche el canto del pájaro nocturno
vívidas notas tintinean en las estrellas.

Me revolví en mi sueño
volviendo del mundo a ese otro mundo
en donde el agua no moja
y el frío no enferma,

Allí estaba ave esplendorosa posándose en un ciruelo
y la luna resplandecía en sus frutos lisos
creando un pequeño contenido en una esfera redonda y dulce.

Escuché el canto estridente llegas hasta las alturas
en donde las nubes ocultas
se movieron lentamente alrededor 
envolviendo la noche de esplendor y llanto.

Bebí de la fuente de la vida
y de mi muerte fui amigo
caminando en ese sendero de rosales blancos
de fragancias y vientos cálidos.

Contuve en un vasija todos mis recuerdos
y los vertí al río del tiempo
en donde se mezclaron con las memorias del mundo 
en donde mi nombre se vio perdido
buscado por pocos amores.

Hoy escuché en ese olvido
el canto del pájaro nocturno
y mi vida se fue entre su trinar 
y mi sueño se hizo realidad por un momento
al despertar...

Nocturno

lunes, 19 de diciembre de 2016

Los restos...

        Y entonces el silencio reinó. En ese espacio alto rodeado de pilares y herrería, se notaban las flores abandonadas en el piso y la luz restante de las velas formando una cruz.

        El llanto había cesado hace ya tiempo, ahora solo estaba yo, mirando desde la oscuridad lo que restaba de esa profunda tristeza. Me parecieron distantes todas esas lágrimas derramadas y las palabras de aliento y desesperanza. Los rezos en trance y el color de la madera en donde él estaba. El brillo del cristal, su rostro en esa fotografía.

        Como seres humanos tenemos privilegios, pero ser conscientes de nuestra vida también nos hace conscientes de la muerte. La vemos pasar por un lado, llevándose a las personas que amamos y siempre hay una quietud extraña que viene después de la desesperación y la pena. Aun después de tantas veces, aun después de verlo tanto, cada despedida es diferente.

          Las circunstancias son cambiantes, el sentimiento, el horror, la resignación. Todo va de saber qué es lo que dejamos ir, qué es lo que hicimos, qué es lo que pudimos hacer.

        Los recuerdos vienen, sorpresas vienen y entre suspiros avanzamos con la gente. Entre ojos rojos y falsas fortalezas. Al final de ese desfile de formalismos, sólo se ha perdido algo, se ha ganado algo. La muerte es eso, un ente cambiante, como una persona, no luce igual después de los años; se avejenta, la conocemos y aun así, siempre es inesperada.

       Qué ser tan falto de amor e incomprendido, qué ser tan oscuro y tranquilo, qué alta y que bella, que lejana y próxima. Allí se queda, de pie a un lado de la cruz, observándonos desde la sombra cercana, soplando con su aliento frío y aromático, mientras la luz de las velas se consume.

       Se lleva agua y vida, deja polvo y luto. Se lleva debilidad y ansia, dejando espacio; una tierra fértil, en donde nacerá, cualquier cosa.  


         Jardinera de este mundo, te llevas las flores, dejando esperanza...


En memoria de mi abuelo.

A. I. Mendoza Seda