Alatum



"Cantan los pájaros, cantan
sin saber lo que cantan
todo su entendimiento es su garganta."

Octavio Paz

lunes, 6 de agosto de 2018

Volátil.



En otras ocasiones he hablado de la ligereza de la vida. A pesar de ser mortales, al ser jóvenes, vemos ese umbral como un final lejano. Pero la tierra está enferma, está enferma de nosotros y por nosotros, y ahora vemos lo que hemos hecho, y pagamos el precio por ello. Ahora la gente joven no es inmortal. La gente vieja tiene que ver morir a sus hijos. Se ha difuminado la línea, entre lo que se gana una persona buena y una mala. Ya no existe justicia divina. Se pone en duda que exista un concepto tan complejo.
Ya no hay buenas noticias cuando se trata de nuestra madre. Sus tierras han sido profanadas, su agua es un vertedero de males y ambición. Nuestros cuerpos también enferman por ello. No podemos culpar a nadie, más que a nosotros y al destino. Pocas veces se es consciente de forma certera de que no tenemos la vida comprada. De la fragilidad de esos planes que con tanta certeza planeamos a futuro. Vivimos llenos de contradicciones y sin certeza, excepto de algo; nosotros somos nuestra perdición.
“Se encontraron cerca de 12.000 piezas de partículas de miocroplástico por litro en el Océano Ártico.” Ese lugar que para la mayoría de nosotros es lejano a nuestro día a día. Pero la existencia del ser humano ha llegado tan lejos, que hemos dejado vestigio de lo que somos, en tierras que ni siquiera hemos pisado.
Ya no podemos confiar en nadie. Ni siquiera en la palabra de aquellos que prometen sanarnos. Todo es un negocio. La dignidad es un negocio, la tristeza es un negocio, la felicidad es un negocio, la enfermedad y la vida humana, también son un negocio. ¿Qué somos? Un reflejo de papeles con caras conocidas y números impresos. Un ser que piensa, que vive en un mundo que no entiende. Descendientes de algo que no pertenece aquí, una peste, o los hijos incomodos, que ya nadie quiere.
Nos empeñamos en amar, y en desear, y por ello creemos que tenemos derecho por sobre otros. Por sobre esos seres que no tienen voz. Cuando caminamos la ruta de todos los días, no reparamos sobre ello más que cuando la noticia nos aborda. Por un momento sufrimos, y después nos olvidamos. Y sin embargo, llega ese día, en que una circunstancia nos hace darnos cuenta, que un día llegará el fin, que esa proyección de nosotros en el futuro es una ilusión, y que el ser que existe en el presente es prisionero de ese espejismo, y sufre y muere, y llora sin poder hablar consigo mismo.
 Somos iguales a todo lo que existe. Mientras pensamos en ese futuro, devoramos al mundo. ¿Qué quedará cuando lleguemos a ese tiempo? Qué quedará de nosotros, y de lo que hacemos ahora…


A.I. Mendoza Seda

martes, 3 de abril de 2018

El ser pequeño



Qué corresponde una buena niñez... ¿El sonido de los pájaros y los perros? ¿Las pelotas baratas y las risas...? Tal vez los raspones en las rodillas y esas aventuras en una azotea. 
Para mi abuelo qué fue la niñez… Esa historia de crimen y fobias nacientes. Para mi abuela fue una historia de abandono y carencias. La historia de mi padre se cuenta con juegos en las calles, un perro, pesadillas y recetas de comidas austeras. La niñez de mi madre se divide entre golpes y gritos; risas y muchos niños.
Ahora la historia de los niños tal vez sea contada a través de lo que vieron en una pantalla. Tal vez, en lo que no vieron dentro de ella. La historia de la niñez es esa que se planta en nuestro subconsciente. Esa que nos da los pretextos para ser quienes somos. Cuando pienso en el estado inmaduro, veo y escucho historias; pero más allá de las cosas buenas, están esas, de las que aun en la inocencia nadie se ha salvado. De ese momento de desprecio e inseguridades que nadie pudo cubrir. De momentos en que la felicidad resulta triste. De enseñanzas incomodas. Cosas que siempre callamos. Que nadie sabe. Que nadie sabrá nunca.
En la niñez nos convertimos en estos seres raros. Que se reconocen únicamente en pensamientos. Aprendimos a ser ese otro que ven los demás. Que habla. Que vive nuestra vida. Definimos si somos un valiente o un cobarde. Y cuanta lástima la gente sentirá por nosotros…
Cuando pienso en esos días no puedo decir que fui infeliz. Porque ni siquiera conocía la infelicidad o la verdadera dicha. Vivía en un mundo de pensar y escuchar. De ver y no decir. De llanto por cosas estúpidas y de preocupación por cosas dolorosas. Recuerdo momentos que marcaron mi vida. En que con una palabra el mundo como lo conocía se derrumbó, y como con otra de pronto había un rayo de esperanza.
Mi madre era una maga.
Mi padre era un rey.
Mi hermano era un cuentista...

Y yo era una niña, y siempre seré esa niña.

 Igual que todos.




A.I. Mendoza Seda


miércoles, 28 de marzo de 2018

Bad Poetry


Prefiero tomar tu mano

y verte como algo que no eres.

Prefiero ser tu sombra.
el palpitar de tus andares errantes.

Prefiero morir en la nube
que rodea tu casa en primavera.

Prefiero ser ese loco
que te ama con metáforas estúpidas.
y no caer en la aburrida rutina
de pronunciar tu nombre diez veces al día.

Prefiero ser un globo de helio.

Prefiero ser ese que cae en desvelos.

Prefiero ser en este mundo un absurdo.

No un tonto.




Nocturno


lunes, 26 de marzo de 2018

Escritor



Una hoja blanca.
Herramienta abstracta. Caracteres de color negro. Letras. La naturaleza de escribir es terca.
Se aferra como los aromas a libro viejo. El escritor se mueve entre un mundo alterno y el verdadero. Entre muchas caras, la suya y la otra. Es quisquilloso. Es pendenciero. Perpetuo y desprendido. Un ser aleatorio de humores densos, que se elevan al cielo por una ventana abierta. Un ser que cae en arenas movedizas, en pantanos que lo devoran sin tregua. Se hunde en sí mismo, en las expectativas propias y ajenas.
Es ese ser extraño que todos miran dentro de una vitrina. Ese ser temeroso que crea lo único que tiene. A sí mismo. A su pulso. A su materia plasmática. Un ser sin talentos. Que se engaña, porque es un mentiroso. Porque es lo que hace.
Es un mago que esconde la verdad en palabras amables. Que ordena que la verdad aparezca. Un biólogo que analiza quimeras, y un doctor que cura letras. Es el hombre de los panteones que desentierra conceptos e ideas.
Y es todo y nada.
Es quien se encuentra tras las solapas. El que llora escondido. Que se siente perdido. Que desespera y abandona y se queda dormido cerca de un río. Tirado en la banqueta. Es el ave que regresa. Que ríe y ríe entre palabras siniestras. Con ojos que se pierden en la esperanza lejana. Que espera paciente eso que sabe que no sirve de nada. Y hace nada. Y hace un mundo.
Y hace su vida y el universo, desde su almohada…



A.I. Mendoza Seda.


jueves, 14 de diciembre de 2017

Feliz Navidad

Es entonces la calle un sumidero, una calle que emana la torpeza de un zapato sin suela. Se devisten los vecinos en el cuarto, donde se electrodan sus misiles, donde tantas veces hojas de libros se quitaron los piojos.
Hay una luz, siempre… Atrapada en el foco. Veo el cuadro de paredes que se rompen con las voces de los maridos, y las mujeres sueltan pájaros sangrados del abdomen. Siempre calla, el celular calla, y la computadora, y la cruz. Insisten las cortezas de la gente: ¡Han perdido los ojos!
¿Dónde el pino?           La estrella de la punta.
¿Dónde los fugaces destinos crecen conectados a centímetros? ¿Dónde se prenden y apagan las esperanzas de todos colores? ¿Dónde el verde, y el amarillo, y dónde el rojo y el azul? ¿Dónde la esfera cristal, clavada en las cabezas, que te cuesta diez o veinte pesos de libertad?... Dónde están las cajas del presente, que atoran tu cordón, y que se mezclan con los peluches, y los carritos, y el tren que gira; una y otra, y otra y cien… Y se queda sin batería, y entonces todo el mundo pierde la cabeza…
El tren, el tren… Ya se cansa, de ir y venir, y la gente de adentro que nadie ve, la gente minúscula del tren girante, ve pasar siempre el mismo paisaje, y el carril sigue, y la gente sigue, y el paisaje sigue.
Y la niña con el papel roca en la cara, envolviendo el suelo. Y van nadando los peces en el río de espejos, peces de azúcar, que se comen, que nos comemos por dulces, por tantos, por irremediables. Y suben la colina de los días, y estamos esperando, al lado del pesebre, esperamos a la Reina, y al rey y al hijo español; el crío Rubio de ojos claros. Ahí adentro, con el espíritu santo en la boca, con María y José penetrados, atrás; escondidos en las colinas y en las montañas de cartón. Soltando sus lágrimas de celofán… de llegada.


Penél-Oh Caliope

lunes, 24 de julio de 2017

Rambler

Uno no suele contar los minutos, sólo pasan y nos adaptamos a ellos. A veces ni reparamos en los cambios, esos que son generados por un evento, por una presencia o una mirada fija, llena de ternura y agradecimiento.

Mi hermano encontró a Rambler vagando. Me dijo mientras estaba fuera de casa. Me dijo que había hecho un nuevo amigo.

La primera vez que lo vi, sus ojos se asomaron tímidos por una ventana. Vi su confusión, su pesadumbre, y la carga del sobrevivir marcada sobre su lomo y su cara. Estaba herido de píes a cabeza, cansado. Muy cansado. A veces me gustaría entrar en sus recuerdos, a esas imágenes que tiene cuando sueña, a las sensaciones que experimenta cuando recuerda algo, al tiempo que pasó a la intemperie, al sonido de un auto, o el olor de la podredumbre.

Me esforcé en sanarlo. Quería que sus ojos volvieran a confiar, que su mente volviera a la tranquilidad. Lo amamos enseguida, mi padre lo bautizó; como la canción de The Rolling Stones, Midnight Rambler


… Did you hear about the midnight rambler 

Well, honey, it's no rock 'n' roll show...

Con el pasar del calendario, Rambler se ha vuelto indispensable. Es gracioso cuando nos preguntan su edad porque sólo sabemos qué está viejo, y que ya estaba viejo desde que lo encontramos. Para su edad era fuerte y aun lo sigue siendo en cierta forma, pero el tiempo siempre pasa. Esos grandes pasos lo han alcanzado, ya tiene los achaques de un anciano.

De él me gusta tomar sus patas, hablarle con cariño y observar sus pupilas dilatarse. Encontrar todavía el semblante vivo que pide amor, que da amor incondicional. 

          Me arraigo en la creencia de que la estación con él es un regalo.

Rambler ya no tiene la fuerza para andar. Su sueño es profundo y ausente. Va perdiendo el oído, como aquel que paso a paso deja atrás el mundo. Se va quedando sin dientes, planta esos huesos tempranamente. Su cuerpo marchito es como la corteza de un árbol viejo, es grueso y lleno de marcas. Su voz jamás nos alcanza, pero es testigo de las segundas oportunidades, de la compasión humana, esa que se deja ver de vez en cuando. Se queda paciente, esperando una caricia, esperando comida, y permanece así ya todo el tiempo, esperando.

En las mañanas se queda mirando el paisaje, como pensando que ha amanecido otra vez... Se sienta en el pasto, cansado. Se queda allí contemplando. Escucha los pájaros y mis pasos, mi voz y el follaje. Olfatea el viento, las flores, sus años…

No te despidas cuando te vayas Rambler, que vamos a volver a vernos...


A.I. Mendoza Seda



martes, 11 de julio de 2017

La rosa de Versalles

Escrito por Rioko Ikeda, el manga titulado La rosa de Versalles (ベルサイユのばら -Berusaiyu no Bara) salió a la luz en el año de 1972 para posteriormente ser adaptada a su versión animada en el año de 1979. La historia, está inspirada en la Francia el siglo XVIII y se sitúa exactamente en el periodo en que la revolución del pueblo en contra de la monarquía se gesta y tiene su auge con la toma de la Bastilla.

        Al conflicto que ya supone la integración de personajes históricos, tales como los reyes Luis XVI y María Antonieta, además del Conde Hans Axel von Fersen y la problemática Madame de Poliniac, se suman personajes originales, integrados con el propósito de ver a través de sus ojos, la problemática que surge tanto dentro la realeza como en el pueblo en dicho del acontecimiento. Uno de estos personajes, es nada menos que la protagonista de esta historia, Oscar François de Jarjayesquien al ser la hija más joven del General Jarjayes, es criada como un hombre por decisión de su padre, quien añoraba un varón que lo sucediera en su cargo. Así, Lady Oscar, como es popularmente llamada, crece con las obligaciones y educación propias de un hombre de su época y a causa de la llegada de la princesa María Antonieta de Austria, Oscar toma la decisión de aceptar a los 14 años, el puesto como Capitán de la Guardia Imperial.

        La historia se desenvuelve a partir de ese punto, pasando por los inconvenientes que se desatan alrededor de la llegada de la princesa, tanto su matrimonio arreglado, hasta cómo la joven ingenua debe integrarse a la corte francesa debiendo sortear sus trampas. Al principio, como la vida misma, los problemas en los que Oscar debe inmiscuirse a esta edad, no son tan graves, nada más que líos que tienen que ver con la realización de que a pesar de las desventuras, el honor y la valerosidad deben salir a flote. Para entonces, Lady Oscar muestra tener un carácter estoico e implacable al momento de defender el nombre de su familia y el de la princesa que cuida. Con el tiempo se gana la confianza y admiración no solo de la corte, sino también, se convirtiere en amiga y consejera de la princesa; de alguna forma, en ese príncipe soñado que María Antonieta no encontró al conocer a su prometido en ese momento, Luis Augusto.

        Posteriormente el argumento se complica, Lady Oscar al igual que las personas allegadas a ella deben madurar en paso a convertirse en adultos, en personas mucho más complejas, también los problemas que afrentan se vuelven serios. A sus ojos comienza a brotar la necesidad de la gente y los conflictos que envuelven a su patria con tierras lejanas. Oscar sabe que María Antonieta en su inmadurez se ve atrapada entre sus deberes como reina su corazón, sabe que una mujer como ella, con un carácter dulce y soñador, jamás estuvo lista para cargar con el peso de ser la reina de Francia en un momento en la historia, en donde los conflictos externos e internos del país, exigían el carácter de un líder inquebrantable, carácter que ni su esposo ni ella poseían. María Antonieta se vuelve prisionera de la corona y de sus deseos y pasiones, aquí Oscar, se ve puesta entre la espada y la pared, pues como confidente y amiga de la reina, entiende y compadece su sufrimiento, sin embargo como parte de la milicia francesa y como un soldado, sabe bien que el sufrimiento del pueblo también es grande.

        La trama sitúa a su protagonista en este constante duelo entre su naturaleza y su deber. Como mujer, Oscar experimenta el amor y el deseo, más como parte importante de la milicia y como hombre sus obligaciones la absorben haciendo difícil para ella estar al lado de la persona amada. Aunado a ello, Oscar es parte de una familia de nobles, que se encuentra en peligro con la creciente revolución, en contraposición, con seres a los que ella ama que pertenecen a clases de menor abolengo.


        La rosa de Versalles es la historia de una mujer admirable y fuerte, que nació de la mente de otra mujer, en un tiempo y un país en donde a penas se comenzaba a dar empoderamiento al sexo femenino. Para Ryoko Ikeda, Lady Oscar es esa rosa hermosa e imponente, que pese a su belleza y fragilidad, no deja de ser peligrosa y estar rodeada de espinas. Una rosa, que sufre el destino que tienen todas las flores, que nacen para convertirse en bellos botones y después florecen a su máximo esplendor, para morir poco después. 


A.I. Mendoza Seda