Alatum



"Cantan los pájaros, cantan
sin saber lo que cantan
todo su entendimiento es su garganta."

Octavio Paz

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lunes, 27 de marzo de 2017

Surrealismo


“Cuando el hombre quiso imitar la acción de andar, creó la rueda,
que no se parece a una pierna. Del mismo modo  ha creado,
inconscientemente el surrealismo…después de todo,
el escenario no se parece a la vida que representa más que una pierna.”
Guillame Apollinare

Para el Bombonete

Ese lado, ese ángulo que todos poseemos, ese lado mal puesto donde las lágrimas se convierten en quesos redondos, donde la boca toma la forma de un río y la risa es una palma meneada por el viento, por el viento de una playa, por una hermosa playa sin arena, donde observamos las costillas del mar. Podemos en este espacio sacarnos los ojos y ponerlos en un vaso de agua para que se refresquen como en los poemas de Sabines, o cortarnos los parpados para quitarnos el líquido de la maldad como en el Perro Andaluz. Podemos hacer que la musa tenga una cara de pizza como en la canción de La cuca. Y es que en este sueño de vida, en este trozo de mente, en esta orilla de la humanidad nos damos cuenta que el surrealismo era y es imprescindible antes del surrealismo.

         Tendríamos que darnos cuenta que la cordura nunca ha estado en el mapa existencial, que si anulamos nuestra parte disparada y distorsionada no seriamos capaces de tener propósito. De poseer el sin sentido, la risa que se convierte en pesadilla y a su vez la pesadilla nos hace dudar y temer a la inexistencia. Que nada es como parece o que las cosas pertenecen al sentido, a ese sentido de apreciación que captura las bifurcaciones que nos rodean y que están introducidas en el interior. Que los pensamientos y las sensaciones son irreales, que no requieren de orden o sentido, o que tal vez todos las imágenes lo tienen y no somos capaces de racionalizarlo o tal vez sí. Qué quién conoce las respuestas si todos respondemos de diferente manera, si cada quien cuenta las cosas como las percibe.

         Estar por encima de la realidad es la identidad humana, porque es la forma primaria de imaginar y de crear, sobrevivir. Porque después de todo el surrealismo no es más que una forma de supervivencia, de la supervivencia del arte y de la vida. La vida en toda su forma, la vida canina, la vida gatuna, de los leones en África, de las hormigas, de los peces y los tiburones, de todas las especies animales y plantas, pues quién pudiera vivir sin el inconsciente. No sobreviviríamos sin él, no nos enamoraríamos, no nos pondríamos tristes, no tendríamos una salida o un agujero de la realidad, un descanso. Porque si solamente nos alimentáramos de realidad estaríamos tan cansados y atrasados que irónicamente nuestra vida carecería de sentido, de sustancia.

         Y es que el surrealismo no lo inventaron los francés, el surrealismo lo inventaron los sueños, la perseverancia del hombre por descubrir e interpretar. En la actualidad sigue siendo el medio que poseemos para sobrevivir, ¿no es acaso el internet un medio surrealista? ¿No es acaso un sueño pensar que si estudias una carrera universitaria tendrás una vida mejor? ¿No es surrealismo el sueño del jornalero pensar que el siguiente día será mejor que el presente, que algún día todo va a mejorar? Si no hubiera estas ideas irreales no sobreviviríamos, si no nos enamoráramos creyendo que hemos encontrado la felicidad no hubiera descendencia.


Nuestra existencia está basada en un caballito de bronce, en el Dada, en los Ismos antes de crearse, en la pregunta y la respuesta que da el sombrerero loco, ¿En qué se parece un escritorio a un cuervo?... la vida no está trazada por un razonamiento, por una respuesta, o por una realidad concreta, simplemente por diversas realidades que parecen sueños. Llegan tan fácilmente y luego desaparecen, la vida es instantánea como un sueño, como algo que carece de sentido y de propósito. Aún con todo tenemos que creer que lo tiene, que es sublime, aunque no sepamos definir concretamente por qué. Sin poder responder a ciertas preguntas; por qué algunos creen en la existencia de Dios y otros no, por qué algunos mueren por un ideal y la mayoría ni siquiera los tienen, por qué Hitler mató a los judíos, por qué Gandhi evitó tanta muerte. Por qué somos tan parecidos y a la vez tan opuestos, lo único que sabemos es que existe un enlace  surrealista con el universo, con los antepasados, con los animales y las plantas. Un enlace que está por encima de la realidad y de la razón, pues ambas cosas son intangibles al final de todo, tan intangibles y extrañas como las pinturas de Dalí. 





Trompa de mosca

lunes, 20 de marzo de 2017

Muertos


¿Y a dónde nos llevará la muerte ahora? ¿A llorar con lágrimas quebradas, a cantar con la fuerza que en el cuerpo quede, a pensar que en el más allá alguien cruzará a los muertos mientras les regala chocolate recién hecho o a morir en la tumba del amado como el perro negro de José Alfredo? ¿A dónde me llevará la muerte, a imaginar a la multitud, que ellos están allá en la mesa larga con manteles bordados, escuchando corridos, comiendo morisqueta y bebiendo tequila?

El Manchas, mi perro de la infancia está tomando litros y litros de coca porque al fin y al cabo la diabetes no lo puede volver a matar. Estará mi tío Javier boxeando o jugando a las vencidas con mi tío Pepe mientras Monchis bebe de la botella de caguama porque en la muerte nada se prohíbe, porque el exceso es una extensión del placer. ¿Conversaran el abuelo Tadeo y el abuelo Javier del temporal de lluvia, de los poemas de Pablo Neruda? La abuela Lola de seguro ha de estar cantando “Yo soy como el conejito” mientras el tío Andrés cosecha sandias. Y don José, mi amigo, mi gran amigo ¿estará sonriendo tirándose unos buenos huacos porque en la muerte acaba uno de consolarse de la vida?

¿Estarán oyendo los ecos de este ruido de insectos y bullicios vitales, probando el mole con tortillas recién hechas, mojando sus pies en el río que se atraviesa cuando la vida se vuelca y se torna invisible? ¿Estará allí mi tía Evangelina, la querida tía Evangelina, estará peinando sus cabellos rubios de mazorca, esperando mi llegada, la llegada de los que van de salida, de los que ya no se quedan? ¿Tejerá y destejerá como Penélope gabardinas para que cuando yo llegué no sufra fríos?  

¿Cuántos estarán dónde mi mente los dejó, donde mis recuerdos los soltó en el agua de la obscuridad? ¿Cómo estarán aquellas pieles que toqué y besé? ¿Cuál será el aroma de sus cabezas adormecidas? ¿Cuántos kilómetros nos separan, cuantas lágrimas se han de estar ahorrando sus ojos? cuántas preguntas sin respuestas y sólo, y únicamente esta cabeza mía que piensa en la muerte como Macario que compartió su guajolote sólo para tener más tiempo. El tiempo que yo poseo para pensar en la muerte, en la que cuesta creerla, en su existencia que está del otro lado y aún no sé exactamente dónde. Esa muerte que nos separa y a la vez nos sueña, la muerte que desde que nacemos nos rodea, nos barniza las uñas, nos hace trenzas. Esa muerte que acaba lo que un día se atreve a empezar, esa muerte de figura abstracta, de perseverancia incondicional. La muerte que es de los muertos y de los vivos.


Qué muerte viven los muertos, qué vida vivimos los vivos. Qué baile nos apetece bailar. Hoy voy acompañar el compás de los muertos y los vivos porque todo va junto, una cosa primero luego la otra, pero siempre el mismo destino. Vamos a revolvernos, a gozar la muerte en vida y la vida en muerte porque lo único que queda es el baile, la risa, el dolor y el placer de vivir de ratos y morir para siempre. 


Trompa de Mosca



lunes, 13 de marzo de 2017

Luz


“Y se hizo la luz” el mundo dejó la obscuridad, al nacer abrió los ojos y la luz entró en su cuerpo.

El cuerpo está inundado de millones de relámpagos dorados, hay también una incandescente luz roja. Alrededor existe la luz de la computadora, el celular encendido por algún adolescente perdido en su identidad invisible. Los puentes de luz que se ven afuera de mi ventana, el zigzagueo de luz que forma ese tráfico. Imagino que también en mis ojos hay luz, la luz de todas las luces que me rodean y las luces de mis recuerdos y de los subterráneos de mi alma.

         ¿Cuánto brillará mi luz interior? ¿Será una luz azul de neón o dorada tan dorada que brilla como el sol? ¿O será discreta y dormilona? ¿O estaré en saldos rojos? ¿Es que acaso estoy irradiando la luz roja, la más peligrosa de todas las luces?... ha llegado el momento que el lector se pregunte cuánto brilla su luz. Se acerque al espejo más próximo, mire sus ojos, observe más allá de su iris, entré tan dentro que comience a viajar en su propia historia. Aparecerá su nacimiento, el primer llanto, el primer paso tembloroso, el sabor de la primera manzana de su humanidad, aquellos alimentos que comenzaron a cargar de luz la vida. ¿y si los alimentos que probaron no tenían color, eran como pedazos de cartón? Quién los recibió en aquella vida recóndita, qué vieron sus ojos, qué sintió su carne. Sus genitales han sido tocados con ternura o con asco, con malas intenciones, con ganas de explorar o con deseos de ultrajar. Ustedes mismos, cómo se han tocado, qué tipo de caricias se obsequian. ¿Hay caminos obscuros, caminos bifurcados, grietas que fueron destrozando las veredas? ¿O hubo tanta luz que su infancia fue una feria constante de cuetes y algodones de azúcar? Y ahora a la edad que tienen, cuánta luz permanece en su oído, en sus ojeras, en sus brazos, en la barriga, en el paso de baile que son capaces de ejecutar. Qué hay de la luz que siempre tiene que estar encendida con los aceites de la nostalgia; que es tristeza y poder.

         La luz está concentrada en todo, incluso en la obscuridad, en las sustancias que nos dijeron que no probásemos, en los terrenos que nos advirtieron no pisar, y pisamos. Nos llenamos de moho, nos despeinamos, comenzamos a perder la luz, nos cansamos y agotamos las velas, los cerillos, los encendedores, porque tronamos las reservas de luz, las danzas que hacían que la luz siguiera fabricándose. Quedamos en saldos rojos, esa luz que nos indica que estamos perdiéndonos a nosotros mismos, que estamos en peligro de extinguir la luz, de quedar en banca rota. Si es el caso, es el momento que el lector siga las siguientes indicaciones; se cuelgue de cabeza,  sienta cómo la sangre se le atiborra en el rostro, vuelva a nacer a las nuevas cosas, es hora de olvidar todo, de llorar como un bebe, de querer estar con los padres, de sentir la protección del más fuerte. Tiene que dejar que el óxido de la luz se limpie con paciencia y trabajo, es hora de dejar que la naturaleza focalice la luz que existe en todos los universos. Es el momento de volver a enamorarnos a nosotros mismos. 


Trompa de Mosca

viernes, 3 de marzo de 2017

Papalote



En este momento soy un papalote sin hilo. Voy volando por el cielo, los cachetes me parpadean, me arden los ojos y los pies hacen como que nadan. Digo adiós cuando puedo, miro a las personas que se pierden entre hormigas. A veces logro dormir en el aire, casi nunca porque es difícil volar dormida. Olfateo el montón de casas, en su interior las familias cocinan, qué bien ha de saber ese chocolate en leche acompañado con conchitas, con el bolillo recién horneado, el caldillo de los frijoles de la hoya, el vaso de coca cola bien frio, las risas mientras parten la tortilla para poder pescar la sopa de huevo; bello y dichoso. Saboreo sus abrazos, admiro los momentos desapercibidos, el llanto de los bebes, las madres que regañan mientras recogen zapatos mal puestos, los suspiros de los perros que duermen todo el día.

Le digo adiós a la preciosa casa del bulevar, a sus orillas abandonadas, al almendro, a los recortes de la pared de mi viejo cuarto, a los escalones de metal donde me senté a fumar, a la regadera donde lloré y tuve sexo conmigo misma o con la imagen de Dani Day Lewis.

Sigo volando como un papalote sin rumbo, vuelo por los aires mientras saludo a los pájaros que van en parvada. Yo no sé volar. Yo sólo me rehúso a que la fuerza de gravedad me atrape, me rehúso a que el cerebro devore mis tripas, a que mi entraña se extinga, a que el calentamiento global la erosione. A que mi libertad interior se dejé de cosechar, a que el vació se llene de humo obscuro, a que mis pulmones no puedan respirar vida. A eso me rehúso, a encallar contra un muro que sea más fuerte que yo.


Así que me estiré, me estiré hasta abrazar al viento, me agarré de sus brazos para que me llevara, para ser por un momento, por un trozo de vida un papalote suelto, de esos que enredan sus cabellos mientras las ropas se les rompen. Floté como un papalote que nació para que el aire lo mueva, que se aventura a descubrir los vientos del sur y del norte, que se divierte mirándole los calzones a las nubes. Si no me atreviera a ser un papalote no admiraría lo que mis han visto, lo que mi corazón aprecia con la distancia.


Trompa de Mosca



jueves, 23 de febrero de 2017

Cobain


Cantas ronco y agrio, ahora tendrías más de 40 años, casi 50, tu piel estaría caída, la pigmentación de tu cabello tal vez no sería dorada. No sé si tus ojos tristes seguirían tristes, si seguirías lamentándote por el divorcio de tus padres, por el caótico mundo que dejaste, donde los adolescentes se nombran la generación X, en las disqueras que ahora ya casi se extinguieron y tu pensaste que era un medio más de corrupción.
Me pregunto si aún sigues triste por tu dependencia a la heroína, por esa desdicha que reflejaba tu rostro en el Unplugged del 94. Si aún te sientes un pecador porque Nevermaind se vendió tanto, porque “Small like teeen spirit” se convirtió en un himno. Tal vez tus culpas, tantas y tantas fueron las que  aplastaron la risa y la fuerza de tus pulmones. Te sentiste culpable cuando tus bolsillos se llenaron de billetes verdes, cuando MTV trasmitió tus videos, cuando la revista Rolling Stone te sacó en una portada luciendo apuesto, cuando Seatle consideró a Nirvana la bandera del grunge, cuando por la calle te pedían autógrafos, cuando después de tu muerte te compararon con Cristo, cuando te nombraron redentor, mártir, el ultimo maldito. Puede que también te sientas culpable porque después de ti el suicidio se hizo romántico más allá de Werther. O tal vez porque tus converse, tus pantalones rotos y tu look descuidado se comercializó hasta hacerse una moda.
            Aún no sé si tus ojos seguirán tristes. O si cuando lograste cerrarlos para siempre con la bala de la escopeta que detonaste, las manías, las neurosis, las crisis, las bajadas, las subidas, las culpas personales, las colectivas, lo atormentado de tu ser también durmió, si estás durmiendo en el nirvana ideal. Si todos los desacomodos de tu genio, de tu creatividad trazada en la luna y los fetos de tu imaginación lograron sonreír. Si tal vez tu fe dejó de estar lastimada, si en la obscuridad de la muerte encontraste la paz que andabas buscando.
            ¿Kurt Donald Cobain encontraste lo que la vida te quito? ¿Por qué un hombre de ojos claros, manos grandes y creatividad exquisita que sueña con colores inexistentes y ombligos que cuelgan en un árbol, un músico que sabe contagiar a las masas, que ama a una mujer desenfrenada como Courney Love, que llama a su propia hija Been un día de tantos las ondas de la agonía y la nostalgia lo invaden y decide morir? ¿Es acaso que los 27 eran la edad más peligrosa de tu existencia? ¿Es acaso que la vida es insuficiente para llenar a una persona? ¿Es acaso que el mundo no contiene todos los placeres y las redenciones que necesitamos para desear estar vivos?...¿O es acaso que los suicidas son una válvula de escape del mundo, de la sociedad loca en la que vivimos? ¿Será que son el monumento de cuerpos que hacen que las constelaciones guarden su equilibrio, el equilibrio entre el sufrimiento, las carencias, los fracasos y los abismos?

Si el cometido humano desde el origen es luchar por la supervivencia, por prevalecer en la vida, desde que naces te enseñan a cuidarte a protegerte, por qué los suicidas se oponen a este principio básico. Algo pasa, algo sucede en el último momento, tal vez el caos se convierte en una enramada carnívora y les devora la lengua, el corazón, los pies y por último el alma. El Valium, el prozac, el diacepan, el ribotril, las drogas clandestinas y las prescriptas, la terapia, la insípida voz del psiquiatra, la hermosa voz del ser amado se convierten en ecos de una lejanía inhóspita. Es entonces que el suicida decide ir en contra de la naturaleza, en contra de todo principio, y tu Kurt, los ellos, los kamikazes, rompen su propia cadena de ADN para transformarse en aire, para flotar. Tal vez las pérdidas son tan grandes que la vida suele ser insostenible, la vida no basta para sofocar de placer y plenitud. Ni el calor del sol protege del frio, ni la grandeza de la luna ilumina la mirada. Ni este cielo que es infinito, ni este calcio que hace que los huesos crezcan, ni la risa que llega a ser la mejor cara de los momentos, ni las caricias que son el tacto más vivo, nada puede protegernos de nosotros mismos.


Trompa de Mosca

martes, 18 de octubre de 2016

Norteño


Sin previo aviso el grupo comenzó a tocar, traían unos sacos negros con flores blancas bordadas, texanas y botas de piel picudas. Cantaban a dos voces, con acordeón, guitarra, bajo y tarola. La orquestación tronó en el aire y algunos peatones se pararon a escuchar afuera del bar. Yo aplaudía y gritaba entre tragos de cerveza Tecate. Aquí no existe otra cerveza, quizá otras con nombres en ingles pero nada más, es como agua con un chorro de vinagre de manzana, pero en fin una persona como yo sabe que una cerveza es una cerveza, ya sea en el norte o en el sur.
            El norteño tocó canciones clásicas como “Tres amigos” “No hay novedad” “Una página más”, “La calandria”, “Laurita garza”, “La venganza de María”, yo pedí que tocarán “Camelia la texana” pero no aparecía en su repertorio, así que el grupo me obsequió otra, entonces aquella música se convirtió en nostalgia. Todo eso se vino en mí como un puñetazo de imágenes y sentimientos. Pensé en el polvo, en los ranchos con sus gallinas cacareando en el patio, en la cruda de un cumpleaños, en la niñez cuando mis tíos llegaban del norte y bebían. Me abrazaban porque era niña, porque ellos tenían años que no disfrutaban de la libertad de cantar una canción y amanecerse afuera de una casa sin ninguna ley que lo prohibiera, porque todo el año habían ahorrado y trabajado como bestias para poder volver a escuchar un corrido como cuando ellos habían sido niños.
Recordé a mi tío Beto y su diente de oro, el gran poster de Los cadetes de Linares en la entrada de su casa, recree aquella canción donde el canario ya murió y la fuente se secó, pensé en mis amores caídos, las ausencias, el vació de la casa que ya no tengo, el vagante destierro. De nuevo mis tíos que se fueron más de treinta años al norte de indocumentados, en los miles de litros de cerveza que han bebido a salud del trabajo bien pagado y explotado, a sus alfombras y sus calles de asfalto, en las canciones de los Tigres del norte y su Jaula de oro, que aunque la jaula sea de oro, no deja de ser jaula.
            En “Jacinto Cenobio”, de nuevo la ausencia, el destierro, la miseria y la muerte. También recordé los velorios, aquellos donde bebí como las grandes mientras llorara por dentro y por fuera porque mis ojos nunca más volverían a ver un ser querido, pero la música norteña seguía tocando porque la vida no acaba con un entierro, porque esa música se hizo para soportar, para no rajarse aunque el alma se nos quiebre.

            Las tortillas de harina no podían faltar en mi recuento nostálgico, allí estaba mi amigo Albertura ofreciéndonos el sazón de su mamá en forma de tortilla porque es de Chihuahua. Las tortillas de harina que hacía mi tía Toña acompañadas de chocolate Moctezuma. Mientras el grupo norteño anunciaba que tomaría un descanso yo seguía aplaudiendo, dibujando en la memoria una bota que aplasta el polvo, un acordeón acariciado velozmente por unas manos fuertes, un sonido que describe nuestras andanzas populares, nuestra eterna nostalgia alegre. 



Trompa de Mosca

lunes, 10 de octubre de 2016

Conejos



Este artículo debería llamarse autoexilio, en vez de conejos, y no debería llamarse artículo sino más bien carta, porque en este artículo-carta te comunico que aún no he llegado al mar. Después de millones de intentos fallidos, con doscientos mil pares de zapatos rotos aún no logró divisarlo. Sé que he estado a punto de hacerlo, lo huelo en el aire, pero aunque lo he tocado en sueños aún no llego a él. He recorrido paisajes extraños, he pisado la arena y también la brisa salada me ha tocado la lengua y un poco el ombligo… ¡Mi lengua y ombligo saben a sal, pero aún no llegó el mar! A cambio de eso he visto dunas agrietadas por el viento, conejos gigantes que de un salto derriban montones de arena blanca. No, no son liebres de marzo, estoy segura, son conejos que disfrutan de la luna en esta soledad, que escuchan los ecos del sur, tal vez tus ecos, tus ronquidos cuando duermes pensando en máquinas voladoras. Estos conejos gigantes no traen reloj, solo alma, porque ellos tienen de sobra, porque ellos se alimentan del silencio, de la arena y sus cactus, del privilegio de las tierras vírgenes que yo estoy descubriendo. Zizar los persigue, pero al hacerlo sus patas se lastiman porque en este suelo hay plantas que parecen erizos; espinosas y redondas. Entonces Zizar apacigua sus persecuciones, y yo tengo que arrancarle estos erizos vegetales. Descansamos, dejamos que los enormes conejos se salgan con la suya. Desde este autoexilio Alabama Shakes se ha introducido a mis oídos con nuevos colores y matices que se encienden como luciérnagas. También he escuchado otras voces que me dan calma, la calma que tenía años no sentía. Aquellos gritos que alimentaban mi miedo y desesperación no han descansado, por fin he empezado a aceptar que nunca lo harán, que crecen y que aquí son más libres, se alimentan mejor, tal como los conejos que he encontrado. No sé qué tan grande crecerán pero lo que si estoy empezando a saber es que están más tranquilos mientras los dejó ser, porque tú sabes que sucede cuando los reprimo. Quizá pienses que estoy mejor, tal vez si tal vez no, pero creo que cualquier lugar está listo para conocerse,  no puedo encontrarme a mí misma en un mismo lugar, estática. Quizá nunca me encuentre por completo, pero mientras la vida trascurre y mientras estos conejos los míos y los de este lugar sigan acrecentando su panza y sus zancadas yo disfruto lo único que puedo tener en este momento. Devoro con cuchillo y tenedor filetes de aire, porque aquí lo que sobra es eso, tengo la alacena repleta de aire y de silencio, esa es mi dieta últimamente. Por otro lado está bien que aún no haya encontrado el mar, eso significa que aún tengo que buscarlo, tampoco te he perdonado  y mientras no encuentre el mar, tengo oportunidad de hacerlo, de perdonarte, de aceptar quién eres y quien soy, sin problemas, sin sentir asfixia, sin lamentos de perro atropellado. Lo de los conejos es mágico, hubiera querido arrancarme los ojos para aventártelos, así podrías mirar cómo mueven sus enormes orejas. Ya sabes cuánto admiro a estos animales, mis creencias acerca de que ellos encarnan la locura. Deduzco que si los veo en tal cantidad y tamaño me auguro que la locura no me ha abandonado, que es la ruta para reencontrarme, reencontrar a la niña que hablaba sola mientras inventaba personas que aún no existen, la que creía que las moscas enviaban cartas y postales desde la India. Es por eso que al llegar a este lugar donde el sol se posa como un gran dije del cielo comencé a bailar; Zizar, las nubes, el aire y yo hicimos una coreografía basada en el vacío. Para agregar más información o más bien para desahogar mi alma atestada de silencio, te aviso que he comprado un conejo de yeso pensado en la cafetería que un día imaginamos hacer, aquella que tendría de tema Alicia en el país de las maravillas. No sé si lo recuerdas y tampoco sé porque a mí los recuerdos sencillos se me entierran como espinas, en fin, allí está junto a mis nuevos cuadros de pintura danesa, junto una ballena y una fotografía de un avión desintegrado. Cualquier cosa nueva es buena en este momento, cualquier palabra suena diferente en este autoexilio, ahora los conejos se convirtieron en nuevas esperanzas de auto reconciliación, porque aún no me he perdonado. Estos conejos que mis ojos admiran se trasforman en hazañas bellas para seguir admirando la vida y no morir. No quiero morir. Más que nada, espero que eso te haya quedado claro cuando me fui, no quiero vivir a medias, a medias ni las naranjas son buenas al menos que se compartan. Pero para compartir tenemos que creer que existe otro, y más que nada uno. Creer que estos conejos existen, ¿me crees? ¿los miras también? Yo sí pero aún me falta tener más fe en mi propia existencia, tanta fe que logre iluminar a estos conejos, a mis conejos monstruosos, aquellos que jamás lograré domar, pero quizá con mucha práctica aceptaré. 


Trompa de Mosca

lunes, 3 de octubre de 2016

Taquero


Es madrugada, él no bosteza, pica la carne de res entre un vapor que parece que ha salido de algún lugar espectral, de algún cuento de Edgar Allan Poe. Un vapor nubla su rostro encendido. Toma un par de tortillas sudadas, pequeñas, un puño de carne finamente picado, le arroja un montón de cilantro y cebolla, lo coloca en el plato liviano y colorido, forrado con una bolsa de plástico y lo extiende. El hombre le agrega salsa, rábanos y unas gotas de limón. Comienza a devorar el taco, mastica exageradamente para después ceder espacio, darle un trago al agua o al refresco. El taquero no ha bostezado aunque ya sea de madrugada, él nunca lo hace. Mientras el delantal esté puesto nunca lo hará porque al igual que Superman mientras traiga su capa dejará de ser Clark Kent. El sueño detrás de ese comal no existe, ni el calor ni el cansancio, existe la adrenalina trasformada en proteínas que otorgan vida.
           El taquero mira con sus ojos fuertes como su tabla de picar a los que pasan en auto, a pie, a perros que limpian el suelo. Él irradia cuando alguien se sienta frente a él y hace una petición; dos de carnaza, dos de tripa, tres de maciza, uno al pastor, cuatro de azada, seis de adobada. El taquero es un icono mexicano que alimenta la aureola de la virgen de Guadalupe, porque es consciente que es tan popular como ella, e incluso más más, pues detrás del comal él acepta a cualquier peregrino de cualquier religión y a la inversa.
            Este superhéroe nacional no es dueño de un oficio sino un antropólogo de la cultura prehispánica y contemporánea. Tal como un poeta, es un pequeño Dios. No juzga al crudo, al borracho, a la prostituta o al vagabundo, al narcotraficante, al político o al presidente de la Republica, otorga sus creaciones sin distinción, nos ofrece sus manjares a cambio de nuestras “limosnas”  precio obligatorio que se tiene que pagar por la grandeza.
             El taquero habla el idioma social, aquel que se transmite a través del paladar. Aquel que comunica el aroma del cilantro fresco, de la cebolla cruda y dorada, el crujir de un rábano, de los frijoles recién cocidos, de la piña azada, de la salsa de tomate, del jitomate molido en molcajete, del chile guajillo, del chile jalapeño, del serrano, del perón. De la carne; de la carne de cerdo adobada y marinada entre cerveza o clavo de olor, del cerdo y sus lienzos trozados en un taco de carnitas, de los músculos de una vaca convertida en birria de pozo, ahumada con pencas de maguey. El cabrito y su juventud, el borrego tatemado, borrego a las brasas. Trasporta el pasado prehispánico en un comal que calienta el poder más grande del taquero; la tortilla. Así por medio de este lenguaje completo nos trasmite los mitos del Popol vuh, la conquista, la revolución, la globalización, soporta y defiende nuestras raíces, nos trasmite eso que fuimos y seguiremos siendo.

 ¿Qué es eso que somos y seguiremos siendo? Hombres de sabores, seres con vida, con origen y diversidad, con dicha y abundancia, con creatividad, con fuerza, con mezcla. De maíz, seres de evolución, de permanencia. El taquero día con día nos recuerda la entraña del ombligo de la luna que es lo que significa México. Nos da eso para que disfrutemos, es por eso que hoy festejo al taquero, saboreo La Tacopedia Enciclopedia del taco, libro que ha llegado a mis manos para saborearlas para no olvidar que sin el taquero el taco no existiría, y sin el taco y el taquero nuestra evolución como raza estaría incompleta. 


Trompa de Mosca

lunes, 26 de septiembre de 2016

Distancia

Distancia
El sur

El sur está tan lejos, tan lejos que no se mira desde aquí. No el sur de Borges, el sur que era mío. El sur donde las cosas son distintas, la gente habla cantado, se peina más, habla mucho y siempre mira a un punto exacto, a un punto inmediato. En ese sur hay montañas, cerros, pinos, árboles frondosos, plantas con nombres populares, flores de color rojo y morado. Las casas se ven apelmazadas en ciudades y pueblos repletos, son casas minúsculas porque el espacio en el sur es escaso. En el sur hay muchas células, y quizá cantan como pájaros porque en el sur aún se observa el aleteo de los colibrís que chupan las flores como auténticos amantes. En el sur las distancias son cortas. Allá tanto el sonido como la imagen se tocan en un solo abrir de ojos, allá no basta imaginar, hay que crear, crear y crear hay que producir lo no producido, hay que abarcar y poseer, porque hay escases, porque el sur está lleno, porque está materializado de cosas, de casas, de voces, de gentes.

El norte

       El norte está tan cerca que me toca los ojos, no el norte de Faulkner, el norte que puede ser mío. Este desértico y silencioso norte. En el norte no se come tortilla de maíz sino de harina, los tacos tienen más carne que verdura, la gente compra porque no hay otra cosa más qué hacer. Aquí las distancias son largas como tripas de elefante. Las plantas pican y la arena salpica sin darte cuenta. En el norte lo que reina es el silencio, hay más espacio que ciudades. En el norte los perros ladran con más furia. En este norte hay que pensar y pensar porque el silencio come y se traga las palabras. El norte te chupa los ojos con cada distancia que parece inalcanzable. Aquí,  hay que observar la nada, hay que codiciar el agua y el color, hay que buscar a la gente escondida en sus silencios en sus ropas de estatuas. En el norte las palabras son tan escasas como el agua, porque aquí el agua se cuenta a gotas, la lluvia tarda en llegar, como parece que tarda en llegar el tiempo. El viento sopla y sopla despeina a las gentes, las empolva, porque aquí la tierra sobra.

En medio
   
        En medio está la distancia, las líneas rectas y también las curvas, las que atraviesan los caminos y las metamorfosis. En esta distancia está suspendido algo no sé qué. Pero estoy segura que en la distancia nacen los porqués sin respuesta, o las respuestas sin los porqués. Donde nos trasformamos en lo que ya no somos. En el medio estoy, estuve y volveré a estar. En medio está la distancia entre el norte y el sur, entre la verdura y la carne, el color y el gris, el silencio y el sonido, entre la vida y la muerte. Entre dos mundos: uno repleto otro vacío. La distancia no captura, solo lleva al origen o al exilio. La distancia se saborea a través de metros y metros de velocidad, tiempo y espacio, de momentos que florecen y se secan, de cosas que se rompen mientras otras se están creando. Eso es la distancia, un punto entre otro punto. El traslado que nos trasporta más allá de nuestros ojos. 


Trompa de Mosca

miércoles, 21 de septiembre de 2016

Ruidos


Ruido: conjunto de sonidos articulados y confusos.

Hace unos días el insomnio me mantuvo encendida. Puse atención a los ruidos que produce la madrugada; la casa dormida, la calle desierta, mi respiración, la respiración de los que duermen, el suspiro de Marcelo mi perro, aquel suspiro de satisfacción por haber corrido más de 15 km, de haber cenado sopas de huevo con leche, de haber perseguido a cuatro gatos y dos perros que no eran del barrio. Aquel suspiro profundo se une a los demás ruidos, creando una orquesta nocturna. De repente en la calle escuché que alguien llevaba música a todo volumen, la madera de la silla de mimbre rechinó, algún soñador tosió, el gato maulló, el viento sacudió la puerta. Desde aquella madrugada he pensado en la orquesta de ruidos que se crean cada día.
Son las seis de la tarde, los pájaros cantan desganados, el ventilador suena apacible, uno que otro carro rechina por la calle, el lapicero se tatúa en la hoja de papel creando un pestañeo de ruido, Zizar mi otro perro, rasca la puerta con sus uñas bicolor por el retumbe de los cuetes,  las miles de ceremonias religiosas han comenzado, y este tipo de ruidos suelen asustarlo.
Al pensar en los temores de Zizar recuerdo que existen algunos ruidos que dan miedo, a veces de forma particular otras de manera colectiva. Por ejemplo el ruido de un grito con llanto. Ese ruido hace que se cree un silencio desconcertante. Otro ruido temido es el de un balazo, el de un choque, el de un atropellamiento.  El de un rayo que anuncia una gran tormenta. Yo le temó al ruido de un tráiler o un vehículo aparatoso. Hay ruidos molestos, por ejemplo el bullicio de una fiesta cerca de tu casa en la madrugada, el contacto de una ficha de metal contra el piso, el ruido que provoca el metal contra el metal, el zumbido de una mosca o un sancudo. Los ruidos de máquinas trabajando, como una perforadora de construcción. Motos chillonas.
Los hay también alegres, como los de una matraca, los chiflidos de un estadio, los tarareos de un concierto, los aplausos de alguna presentación, los cantos de las mañanitas, los cantos de los borrachos interpretando a José Alfredo Jiménez. Existen ruidos tristes, el ruido de las ambulancias, los llantos de los velorios que luego se convierten en aullidos como si no los produjera un cuerpo sino más bien un obscuro y profundo pozo de petróleo. El aullido de un perro atropellado, el maullido de un gato pequeño con frio, el llanto de un bebe enfermo.
Podemos escuchar ruidos bellos como el de las olas del mar, el suspiro de un buen orgasmo, el cacareo de una risa que está a punto de convertirse en carcajada, el canto de una ama de casa cuando hace el quehacer, el silbido de un hombre mientras trabaja, el suspiro de un perro satisfecho, el de la lluvia pasiva, el de la lluvia fuerte, el ruido del aire cuando mueve un campo entero de pasto crecido, o las hojas de árboles en otoño, la vuelta de la página de un libro, un libro puesto sobre una mesa, el tronido de un gran beso.
También existen ruidos corporales como el de pasar saliva, las tripas cuando tienes hambre, el tamboreo acelerado de un corazón,  los intestinos cuando están trabajando, de un pedo, el tronido de los huesos, de la pestañas, de un cabello cuando es arrancado. El ruido de una respiración agitada, el movimiento de un musculo. Un bostezo, estornudo, fricción entre miembros, la sacudida de una gran cabellera.
Ruidos de comida; el burbujeo de una sopa, el tronido de una tostada cuando es mordida, de una tortilla dorándose, de las papas friéndose. El ruido que hace un elote cuando es desgranado, la aspiración de un espagueti, un trago de agua, el sorbido de una bebida caliente,  el servir un vaso de agua, el tronido del chicharrón, la explosión de una bomba de chicle, el rebanar verduras con un cuchillo, el dar una mordida a una manzana, el revolver la ensalada con las manos, el trozar yerbas, el salpicar sal.

Después de haber imaginado este auditivo recorrido me doy cuenta que estamos rodeados de tantos ruidos como de palabras para describirlos.  Concluyó este artículo haciendo mención a uno de mis ruidos preferidos que solo los hombres del siglo XX en adelante han podido tener el placer de escuchar, el tacto de los dedos contra el teclado de una computadora, este es el ruido de mi oficio y quizá Hemingway, Arreola, Wolf, Castellanos, Rulfo o Cortázar hayan tenido el placer que yo no tuve de escuchar mientras pisaban el teclado de una máquina de escribir, quizá una Remington, sólo ellos pudieron tener el placer acústico de saborear uno de los sonidos más bellos que existen, la transformación de la literatura.




Trompa de Mosca

lunes, 12 de septiembre de 2016

Vacaciones


La carretera comienza a escurrirse, a hacerse delgada, el paisaje se expande, el viento topa con la mano, mientras se respira un nuevo aire, en este caso un aire que ya conoces, un aire que ya conoces desde antes de nacer. Porque allá donde estabas encerrada, en el obscuro y húmedo universo de tu madre tocabas y respirabas ese aire. Un aire caliente, el aire de mayo que está lleno de sol, como si tocaras la resaca de una caldera.
            Es entonces cuando entiendes que las vacaciones se te han metido en el cuerpo, que la palabra vacación significa exactamente eso, interrupción temporal del trabajo o de una actividad, que vacar es quedar vacante, dejar por algún tiempo el trabajo habitual. El diccionario con su intención lineal otorga esa gama de significados. Esos significados cobran vida desde que comienzas a absorber ese aire caliente.
            Los pies se despegan del suelo habitual, dejas que los nudos de las cuerdas que diariamente se enredan con el día a día se deshagan, de una forma inexplicable dejas de ser tú, eres otro personaje que solo recuerda al otro de vez en cuando, en ese momento todo es lejano y ajeno. Comes sin ver el reloj, sin ver las fallas. Sintiendo la temperatura que reclama el sol, el verano tiene todas las ganas de exprimir el sudor en las personas.
            En aquella explosión de sensaciones observas a tu tía perdida, ves cómo habla, a tu abuela senil que habla de lo mismo una y otra vez, te das cuenta que aunque tu desconocías la existencia de ellas hoy te sorprendes, te enteras que aún están vivas y que el ciclo vuelve a empezar contigo.
            La sorpresa es algo de lo que deriva las vacaciones, es su centro poderoso, su chispa. En cualquier vacaciones te vas a sorprender como te sorprendes ahora que ves en la vitrina de tu abuela que ella guarda cualquier cosa que pueda representar una utilidad, que ella separa los desperdicios de comida para alimentar a las plantas al igual que tú, que a pesar de los distanciamientos ella está en ti y tu en ella. Que te encuentras a ti misma; en el pasado, en el calor, en tu abuela olvidada, en tu padre viejo, en tu adultez, en los almendros sembrados en cada casa, que nunca antes habías tenido la curiosidad de observar. Te sorprendes al encontrar y entonces llega la segunda sentencia de tus vacaciones, conocer.
            A través del viaje, de cualquier tipo de vacaciones, ves lo que no habías visto, quizá lo olvidado, como resultado conoces, te das cuenta de la existencia de nuevas cosas. Miras a tus primos, aquellos que tenías años que no veías, observas extrañada sus caras que ya no te parecen familiares, pero a través de una plática y unas cervezas vuelves a reír con ellos, sintiendo que si es verdad que su sangre se combina con la tuya.
Reconoces el balneario perdido y rodeado de huisaches, su pintura descarapelada, donde el agua emana de una bomba, esa agua que hoy sientes como la mejor de la tierra. Sientes como va desenredando los nudos de la garganta, refresca los placeres idos, lava el lodo de la monotonía, apaga la enfermedad torcida que está enraizada en tu mente cansada, te acaricia la cabeza para que vuelvas a dormir sin esperar despertar o esperar hacerlo, simplemente dormir por dormir.

            Después de la sorpresa y conocimiento te das cuenta de una última cosa: las vacaciones fueron un desastre, nunca lo vas a lograr. Tienes que regresar y ser de nuevo el mismo personaje, pero a pesar de este viaje extraño, algo en tu interior le dio vuelta a la tuerca, ya no eres el mismo, algo cambió y eso modificará la cara y el espíritu del otro personaje. Desataste un gran nudo, dejaste de pensar que todo se perdía si tú no estabas. Remaste a la inversa y eso te hizo bien, dejaste de hacer lo habitual. Fuiste capaz de ser otro, de limar los callos que ya estaban crecidos. Es por eso que tus ojos, los ojos de todos tus personajes vuelven a brillar y tus pies están dispuestos a volverse a enredar. 


Trompa de Mosca

lunes, 5 de septiembre de 2016

Canela

“Flor de canela
Suspiro, suspiro, cuando te veo pasar… suspiro yo…”
Canción popular

Mientras iba atravesando el desierto iba recordando las últimas voces, las últimas imágenes. Tal como se titula un libro autobiográfico de cuyo autor no recuerdo dije Adiós a todo eso. Mientras cruzaba el desierto, observando los cerros rocosos, las dunas y la línea de la carretera que brotaba sin fin, recordé lo último con lo que me había quedado para mi nueva vida. También recordé aquello que había heredado a los seres queridos que de alguna forma iba dejando atrás, el poster de los Strokes a mi hermano Mario, aquel que yo misma decoré imitando a Andy Worhol. El perfume a Laura, la muñeca regordeta de la infancia a Miranda, el disco de Juanson a Paulino, las botas y la bolsa de cuero café a Maricona, las botas de lluvia que usé en primavera, todo, algunas cartas de despedida a los amigos. Estaba consciente de que no me había despedido de casi nadie, que solo traía en mi memoria imágenes viejas de sus caras y el sonido de sus voces, que ya comenzaba a extrañar.
            ¿Por qué dije Adiós a todo eso? Me lo preguntaba justo cuando sentía un peso avasallante de soledad mientras el desierto seguía expandiéndose… dije Adiós a todo eso porque había subido a la azotea de mi cabeza y había observado que ya todo estaba hecho en aquel lugar, las palancas de la fantasía, cualquier alcance de mis dedos, cualquier material, mis puños, mi saliva, ya todo se había desgastado hasta morirse.
            El pasado se iba secando tras de mí. Los nuevos cerros, las plantas nunca antes vistas me decían que algo extraño resucitaba. Quién estaba en aquel presente tan fragmentado; Zizar con sus pelos tiesos, un par de zapatos, algunas cajitas que guardaban joyas queridas, mi colección de lentes de sol, música en el mp3, algunos libros, y más que nada, nuestras vitalidades dispuestas a seguir viviendo, a no morir en el pasado, a sobrevivir.

Eso era el presente, yo cantando y recordando “Flor de canela”, pensando constantemente en el vació que sentía mi espíritu por dejar de cargar una antigua vida. En aquel instante pude oler el olor de la canela, ver su color rojizo, sentir su sabor; dulce y potente, porque el todo de aquel paisaje en pleno ocaso se convertía en una taza de canela. Todo se trasformaba en la esencia de la canela, mis melancolías poseían su color rojo, oloroso, perfumado. Por alguna extraña razón todo aquel mundo; el pasado y el presente me supieron a canela a tal grado que comencé a cantar “Flor de canela, suspiro, suspiro, cuando te veo pasar…” Qué significaba, no tenía idea, lo único que me quedaba era disfrutar los fragmentos de mis mundos viejos y el presente como si estuviera bebiera tragos de canela, de esa que siempre viene bien.


Trompa de Mosca

jueves, 1 de septiembre de 2016

Frontera


La historia revive ante mis ojos, diviso la línea que divide a E.U.A. de México, lo que irónicamente robaron y ahora está separado por una valla. Recuerdo el corrido de “Juan Cortina” con sus balas en las tripas. Rulfo también está presente en este lugar desértico, porque de nuevo el llano en llamas vuelve a arder, los pleitos por las tierras y sus límites suenan con el viento helado que sopla del norte. La división entre dos países, las muertes por defender el suelo, el odio que generan los pleitos por el terruño. De nuevo un infinito cansancio, un odio cíclico como acontece en “Diles que no me maten”.
            Diviso esa línea, siento una lucha agría, vieja, bestial, ancestral, casi antropológica. Esa obsesión instintiva por marcar territorio y poseerlo. Ese mundo que nos separa del extranjero está allí, mientras yo estoy aquí recordando a Rulfo, tratando de entender que en la otra mitad de este desierto se habla otro idioma, se mira distinto, se hacen casas con otras formas, hay algo de aquel lado que reviste el suelo con otro vapor. Y aunque el racismo y el clasismo existen tanto en este terreno como en el otro, los pobres siempre van a ser las víctimas. Que aunque de aquel lado existan muchas personas que piensen como Donald Trump, también de aquel lado existió Faulkner, Capote y Carver, Joplin y Morrison, de aquel lado también existen las víctimas y los victimarios, los hombres grandes y los invisibles.
            Ante mis ojos se posa todo y nada. Aparentemente líneas y líneas de cielo y un suelo raso, gris, con plantas secas y cactus, mientras que en cada partícula, quizá del polvo quizá del aire, se forman montones de ciudades, de personas susurrando mundos, creando latidos, ritmos que envuelven cada circunstancia. ¿Es ese el mundo que perdimos?, ¿es la frontera lo que nos separa?, ¿son aquellos mundos algo para olvidar?... entre todas las respuestas posibles creo que todo depende del alma escondida de los hombres, esta frontera puede verse como el ocaso o como una muralla de ladrillos que nunca dejan de formarse.

Esa línea me parece un laberinto más, un cuadro más de pintura abstracta. Para ser sincera nunca creí poder ver ese sencillo artefacto llamado frontera. Ahora que lo observo, lo toco con mis ojos de carne sin hueso, pienso en las posibilidades de no ser nada, de pensar que no soy un país, tampoco soy una lengua, ni una raza, soy algo, creo, algo que quisiera poseer todo, que es dueño de todo, pero todo lo que brote en el horizonte o aspiren mis ojos y mi aliento es puramente instantáneo, nunca permanente. Por tanto concluyó que las vallas fronterizas no son más que unos erizos de mar en el mar.


Trompa de Mosca



lunes, 25 de abril de 2016

Vientre Rocoso


Para Richi

Salí de ti
de ese vientre raro
cargado de sangre y malas mañas
se derramó el alma de los hombres de huaraches
de las mujeres destartaladas
que parieron con dolor como tú

A veces me pregunto
cuando terminé de salir de ti
no me acuerdo
a veces me siento adentro
a veces inexistente

Ojalá pudiera decirte mis dolores
los míos
todos los que no conoces
ojalá pudieras expulsar aquellos quistes
que te obligó a tragar la vida
o los que te serviste al plato

Qué podemos hacer para que el amor no pierda peso
para que tus pezones nunca se marchiten
y sigan emanando la vida que me diste

Por qué tenemos que ordeñar el corazón
con dolores de ancestros
que no quiero heredar
que ya están viejos y pelados

Por qué no simplemente nos acariciamos el pelo
nos sobamos los pies
y nos deseamos buena suerte

Por qué no sacudimos las malas mañas
para caminar con el alma liviana
y desenterrar las huellas pesadas

Por qué no amarramos unos buenos resortes a los pies
para brincar los charcos
y divertirnos con los juegos que están intactos



Evangelina Bolitocha


martes, 12 de abril de 2016

Marzo


“Nací en el 63,
con Kennedy a la cabeza
una melodía en la nariz
creo que hasta el aire estaba raro, mediaba Marzo.”

“Del 63” Fito Paez

Hoy amaneció lloviendo, las nubes se pusieron esponjadas, pálidas del centro y grisáceas en sus orillas, cubren al sol redondo. Dice el dicho “Febrero loco, marzo otro poco”. Lo poco o mucho de la locura que le haya tocado a marzo es la que invade el cielo hoy. En este mes llueve de repente, el viento sopla y sopla, levantando la falda de las muchachas despistadas, sopla haciendo que las amas de casa se la vivan limpiando porque el polvo llega por todos lados. Sopla, vuela  la ropa del tendedero, la revuelca en la tierra, la deja sucia lista para volver a lavarse. Marzo se ríe a carcajadas de todo eso, brinca y luego le dan ataques de risa por todos los juegos que inventa, puede que hasta se orine.  

            En este mes el frio se agota, Marzo le da unas patadas en las nalgas para correrlo, para que ya deje de enfriar las manos y las orejas de la gente, corre al invierno con una fogata. Le ofrece una gran jarra de agua de mango a la primavera, le hace cosquillas para que no se vaya, le cepilla su cabello anaranjado de sirena, le pone mascarillas de miel, le soba los pies con alcohol y marihuana.  Entonces los árboles comienzan a florear, el agua del tinaco se tibia, la gente deja de usar suéter para destaparse las piernas y los brazos, para usar guaraches en vez de botas.

Pero este mes tiende a cambiar de humor, de estado, cuando apenas te estás aclimatando al calor, trae lluvia, se pone loco y soborna al sol para que no salga. Marzo se ríe porque los perros y gatos ponen cara de miseria, en vez de salirse a disfrutar la tarde tienen que estar arrinconados durmiendo temblando frio.

Es un mes impredecible, nos dice que el día menos pensado todo puede invertirse, ponerse patas para arriba. Es sorpresivo, alocado, juguetón, creativo, espontaneo, ocurrente, Aliciaco. Por Aliciaco me refiero a Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carroll, pues en esta historia todo está permitido, todo puede pasar, por algo uno de sus personajes es la Liebre de Marzo. Ese animalito parecido a un conejo. En la mayoría de las animaciones inspiradas en la Liebre de Marzo se recrea con ojos desorbitados, como si uno de sus ojos no se fijara en ningún punto.

Siempre he creído que el mes en que naces define tu naturaleza, tu personalidad interior, no la superficial, ya que si nos guiamos por esta, nos daríamos cuenta que la mayoría de la gente actúa siguiendo patrones de conducta. Pero incluso en esas personas que actúan por mímica y no por instinto en algunos momentos sacan su naturaleza interior, y es allí cuando sale a flote la ambientación de los meses en que nacieron. Poseo una teoría al respecto. Pienso que las personas que nacen los últimos meses (esto puede variar según el año, a veces puede ser el mes de octubre, noviembre y diciembre, o a veces puede ser: Noviembre, Diciembre y Enero. Si yo hubiera dado acomodo a los meses del año, lo hubiera iniciado con Febrero no con Enero) habiendo aclarado lo anterior, decía que las personas que nacen los últimos meses del año generalmente son distantes, no cálidas, objetivas, pensantes, muy inteligentes. Mientras que las personas que nacen en los meses previos a los últimos del año están influenciadas por estos pero en menor grado, son distantes, objetivas, inteligentes, etc.

Por otro lado están los que nacen a principios y a mediados del año. Las personas que nacen en los meses de Enero, Febrero, marzo y abril, son creativas, soñadoras, espontaneas, naturales, despistadas, subjetivas, desordenadas, depresivas, radicales, impulsivas, habladoras. Las personas que nacen en los meses de Mayo-Julio contienen mucha influencia de las anteriores, pero poseen sus propias características. Son solitarias, calladas, anti protagónicas, despistadas, tímidas. Creo que la combinación del mes en que eres concebido con el mes en que naces influye en la personalidad. Ese cóctel de climas y frutos nos palpa hasta lo más profundo de nuestra naturaleza. Sin embargo creo que tiene más peso el mes en que naces, porque es el mundo exterior el que se conoce de forma consciente.
         Yo nací el 31 de marzo. Sé que soy todo lo que dije anteriormente. También creo que las personas de este mes nacimos confundidas, perdidas, inconstantes, sensibles, cambiantes y más que nada impulsivas. Somos como una montaña rusa, eufóricas, alegres, desbordadas pero con bajas obscuridades, con undergraunds, con muchas melancolías. Somos como los días de Marzo, días llenos de flores amarillas, rojas, moradas, el canto de pájaros, pero también días nublados,  grises, melancólicos.
A pesar de estos cambios de humor el sello de los marzianos es el color, la carcajada bien tronada, la lucha para preservar la vida, para renovar la naturaleza y sobreponerla. Esto no lo digo únicamente por quien soy sino más bien porque desde que era muy pequeña he tenido amistad con personas que nacen en Marzo. Por ejemplo, mi prima Vania que también nació un 31, la mamá de mi amigo Von que también nació un 31. Hace poco descubrí que Octavio Paz  había nacido un 31 de marzo lo cual hizo que me auto augurara un destino literario, si bien Paz siempre es visto sobrio y demasiado intelectual, pienso que en el fondo era un hombre soñador y alocado que vivía más en el mundo imaginario que en el real. Mi mejor amiga Maricona cumple años el 19 de marzo, mi tía preferida cumple un 16 de marzo, El gran Jaime Sabines también cumplía años en marzo, aunque ahora no recuerdo la fecha. Fito Paez cumple años en marzo, su música es una muestra de la locura que hay en su cabeza de argentino. Toda una serie de fechas que abalan mi teoría.

Por otra parte estoy completamente segura que la gente que nace en Febrero es mucho más loca que las personas de Marzo. Las personas que nacen en Abril son más sencillas que las que nacen en Febrero y Marzo, espontaneas, risueñas, relajadas. Generalmente las personas que nacen en estos tres meses llegan a ser amigas.


En resumen los de Marzo estamos locos aunque lo ocultemos, somos floreados, espontáneos, y a veces tal como la lluvia de hoy impredecibles nublados, amargos, tristes, viscerales. Somos la descendencia del mes en que nacimos. Marzo es un trozo de tiempo que alegra al año, que da vida, destapa lo que estaba cubierto, renueva las aventuras, hace viajar al polvo. Por eso celebro esta lluvia que no debía de ser pero es, por el sol que quema y tibia el agua, por la desnudez, por el calor, por los olores del sudor que exprime la piel. Celebro a las flores, a los gusanos que ahora vuelan como mariposas, a los marzianos que somos una comunidad de raros. Celebro no tener las ideas muy claras. Brindo desde mi mesa de trabajo desordenada, brindo soñando con que alguien me imagine escribiendo este artículo. Brindo con los ojos desorbitados como la Liebre de Marzo por este mes que me ha dado la vida y la locura.  



Trompa de Mosca